04 SEP
2015
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ASI ROBAN LOS BOSTEROS - PARTE 1


EtiquetasEtiquetas: Historia Azulgrana - AFA

Sabemos que enfrentar a Boca no es un juego 11 contra 11. Los intereses de fondo son muchos y a ellos si hay algo que les duele es la paternidad del Ciclón. Han operado muchos años en los escritorios para revertirlo. No han podido. Acá la primera parte del conteo de los fallos con que han sido beneficiados en la última década.

ASI ROBAN LOS BOSTEROS - PARTE 1

Desde hace dos temporadas venimos publicando un resumen de los fallos (en su doble acepción) arbitrales registrados en favor de nuestros Hijos y en perjuicio del Ciclón durante los últimos tiempos. A sabiendas del desastroso papel que vienen haciendo los roñosos en estos últimos tiempos, y la necesidad del establishment por verlos despegar, es importante recordar la lista actualizada de las veces que nos metieron la mano en el bolsillo. Eso sí, ármese de paciencia, porque la enumeración es tan extensa como repugnante.


No hace falta retrotraerse a los controvertidos arbitrajes de Bartolomé Macías, allá en los albores del profesionalismo, ni recordar los goles inexplicablemente anulados por Lamolina (2-2 en el ´89) o Loustau padre (1-1 en el ´91). Está claro que a ellos los ayudaron siempre, en todas las épocas (y contra nosotros, más).


Y que por eso es tan reconfortante ganarles y adquiere tintes épicos tenerlos abajo en el historial (lo cual implica pisarle la cabeza al poderoso y a todos los que lo apalancan: la AFA, el Arbitraje, los Medios, el Sistema). Pero resulta alarmante el nivel de impunidad con el que los Bosteros vienen actuando desde hace un tiempo ante la total pasividad -que a esta altura ya es complicidad- de nuestros directivos. El Sargento Giménez, Héctor Baldassi, Mario Korn y el Triangular Pompilio, entre otras referencias, son heridas aún abiertas, demasiado recientes, que nos costaron títulos locales e internacionales.


El 20 de noviembre de 2003, San Lorenzo -dirigido por Gorosito- jugó en la Bombonera, frente al Boca de Bianchi, un partido que nunca debió haberse disputado. Al menos, no en esa fecha. Ambos clubes peleaban cabeza a cabeza´ el Apertura, aunque nuestros Hijos también tenían la mente puesta en Japón. Por eso, solicitaron adelantar el encuentro para el 20/11. La dirigencia azulgrana (encabezada por la dupla Guil-Savino) aceptó, sin considerar que por entonces medio equipo titular -casi literalmente- estaría representando a la Selección Sub 20 en el exterior (Gonzalo Rodríguez, Jonathan Bottinelli, Walter García, Pablo Zabaleta y Walter Montillo). Para cuando pidió atrasar unos días el cotejo, ya era demasiado tarde: se topó con una rotunda negativa. Paralelamente, Boca recurrió a un recurso de amparo para impedir que Tevez -que estaba lesionado- viajara con la selección juvenil y fuera habilitado para jugar el resto del torneo local y la Intercontinental. Su pedido fue una orden. Y se cumplió a rajatabla.


Pero eso no fue todo, porque a semejante película de terror le hacía falta un actor protagónico de la talla de Daniel Giménez, nefasto personaje que supo ensuciar como pocos al -ya de por sí nada transparente- referato nacional. Entre otros dislates, el sargento´ amonestó erróneamente por simular a Luna y a Barrientos, a los que impunemente molieron a patadas toda la tarde, y expulsó a Diego Capria (por intento de agresión a Iarley cuando éste, que no fue siquiera apercibido, no lo dejaba jugar un tiro libre) y a Morel Rodríguez, por doble amarilla. Después del partido, Giménez regaló simpáticamente sus tarjetas entre los simpatizantes de Boca (al menos así lo inmortalizaron los periódicos).


Gorosito, por su parte, fue contundente: "Yo recién comienzo y puedo ser buen o mal técnico, más o menos ofensivo, pero hay poderes contra los que no se puede pelear. Perdimos por eso, está claro. A mí no me sirve un carajo que me den dos laterales en la mitad de cancha. Me dan asco estas cosas". Carlos Datria, por entonces secretario del club, añadió nafta al fuego: "Tras el despojo de Giménez, se ve que los premios son para los ventajeros. Dimos cinco juveniles al Sub 20 y nos pagan con un arbitraje que nos dejó afuera del campeonato. Propondré que Giménez no nos dirija nunca más". Mucho más naif fue la visión de Savino: "el arbitraje nos perjudicó mucho, me queda una sensación amarga. No me arrepiento de la cesión de los chicos porque hay que cumplir los reglamentos, si no sería un viva la pepa´. Me siento impotente, pero ya saldrá un tiro para el lado de la justicia. A la larga, gana la verdad". Sin palabras.


Algunos meses después, el 22 agosto de 2004, la Bombonera fue sede de un nuevo robo xeneize ante su Padre. A primera vista, lo abultado del resultado (3-0 a favor de Boca) podría tornar insensato cualquier análisis sobre la actuación del juez esa tarde; es decir, Héctor Baldassi. Pero veamos qué decía Clarín al respecto: "De entrada, cuando estaban 0-0, le anuló un gol a Michelini por un off side inexistente señalado por el 2º asistente Mario Korn, quien ayer se retiró. Y a los 30, no le mostró la segunda amarilla -y consecuente roja- a Carreño por fingir una infracción idéntica a la hecha seis minutos antes, simulación que sí había castigado con amonestación. Es imposible saber qué hubiera ocurrido si San Lorenzo arrancaba ganando 1-0, o si quedaba con un hombre más con una hora de juego para remontar el 0-1 cuando Carreño no fue expulsado. Lo que sí es real es que son dos situaciones que tal vez podrían haber modificado el desarrollo". ¿Tal vez, Clarín?


Cabe destacar que Michelini estaba, no uno, sino dos metros habilitado. Y que Korn celebró, consumado el atraco, su despedida sacándose fotos con un banderín de Boca y con los jugadores de tan desagradable club. Pablo Zabaleta opinó lo siguiente: "Siempre nos pasa lo mismo con Boca: jugamos contra once y también contra algo más. El árbitro nos dice que anuló el gol de Michelini por posición adelantada. Y el línea dice que cobró falta. No sé si el resultado hubiese variado. Pero lo único que quiero es que se terminen estas manitos". Lamentablemente, las manos negras no se terminarían. Lo peor estaba por venir.


Esta historia sigue en la oscura noche del 29 de septiembre de 2004. En Salta, en plena copa Sudamericana, San Lorenzo y Boca definían una llave de cuartos de final con el arbitraje de Claudio Martín. En la ida, el Ciclón se había impuesto por la mínima diferencia. Y la revancha había arrancado de manera inmejorable: 1-0 arriba (con un cabezazo de patita´ Pereyra). Pero lo que siguió fue, francamente, una vergüenza. En la semana previa, Michelini había activado la señal de alarma. "Nosotros sabemos que va a ser un partido diferente al que jugamos hace poco en la Bombonera. Pero no queremos volver a encontrarnos con sorpresas", aseguró el capitán, recordando su gol anulado. De poco sirvió la apertura de paraguas. En el reducto salteño, insólitamente volverían a invalidarle un tanto legítimo que hubiera significado, ni más ni menos, estar 2-1 arriba en el marcador antes de la exagerada expulsión a Jonathan Santana y, obviamente, del 1-2 que motivó la definición por penales.


De acuerdo con Clarín, "a Abbondanzieri se le escapó la pelota en un centro frontal, Michelini capitalizó el error del arquero y definió. El volante apoyó su mano en el brazo del arquero y Claudio Martín interpretó que lo desestabilizó. No se vio falta en TV y hasta el Pato, sincero, dijo: se me escapa la pelota´". Decretada la eliminación, Michelini volvió a alzar la voz: "En los partidos con Boca, sea quien sea el árbitro, todas las jugadas dudosas son para ellos. Es así y no hay vuelta que darle". Algún dirigente, en tanto, fue un poco más allá y denunció públicamente la existencia de una campaña para favorecer a Boca y a River. Claro que su denuncia mediática nunca dejó de ser simplemente eso (y con escaso rebote, por cierto). Un par de meses después, para que la injusticia fuese aun mayor, los bosteros se consagraron campeones de la Sudamericana.


Hablando de destino fatídico, mencionemos al pasar el 27 de agosto de 2006. Sí, el día del 1-7. ¿Qué puede uno objetar ante un resultado tan abultado, verdad? Un detalle nomás: el primer gol de Palacio (no cualquier gol, el que abrió la goleada a los 22 minutos del primer tiempo) fue posible gracias a un offside fragrante, una posición adelantada de al menos un metro y medio. ¿La terna arbitral? Gabriel Favale, Claudio Rossi y Ricardo Casas

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