15 ABR
2016
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CAMBIAR PARA QUE NADA CAMBIE


EtiquetasEtiquetas: Estatuto

La reforma del Estatuto es un tema siempre presente en el Club. No obstante, fueron muy pocos los cambios propuestos para el mejoramiento y su modernización. Nunca se realizó una modificación estatutaria exhaustiva e integral como la que esperamos que se implemente en estos tiempos. ¿Se hará?

CAMBIAR PARA QUE NADA CAMBIE

En las múltiples campañas electorales que tuvo San Lorenzo a lo largo de su historia, la renovación del Estatuto siempre fue materia de opinión. No obstante, fueron muy pocos los cambios propuestos para el mejoramiento, la modernización y el desarrollo estatutario del club en pos de los tiempos que se venían. Nunca se realizó una modificación estatutaria exhaustiva e integral como la que esperamos que se implemente en estos tiempos. Se trata de una deuda histórica que la institución tiene la obligación de saldar.

El actual Estatuto fue trabajado entre los años 1933 y 1938 por el entonces secretario Enrique Pinto, quien en 1939 accedió a la presidencia. Si bien el texto estuvo inspirado por un adelantado como él, resulta inadmisible que hasta 1981 -más de cuatro décadas después de su aprobación- sólo haya experimentado pequeñas modificaciones, todas sujetas a crisis o circunstancias ocasionales.

En 1949 se incrementó el período presidencial, que pasó de dos a tres años. Ese cambio se produjo antes de aquellas elecciones históricas en las que se cometió el "pecado" de contar con un candidato de ideología peronista que prometía un nuevo estadio de cemento en el contexto de un club dominado por los radicales. Como sabemos, ganó Emilio Bernat (y con él quedó sepultada esa posibilidad que seguramente hubiera impedido que nos quitaran el Gasómetro).

Luego de esto, San Lorenzo sufre 12 años de gestiones de gobierno de la Agrupación Tradicional. En este lapso se produjo el segundo "pequeño gran cambio" del Estatuto, cuando se modificó el período de antigüedad para llegar a consagrarse como socio vitalicio. A partir de la gestión del presidente Alfredo Bove, en lugar de 25 debían cumplirse los 30 años de antigüedad.

Entretanto,  en el año 1965, mediante la gestión de Ricardo Rovira -de la Fracción Tradicional-, se propone un "Gobierno de Unidad", concertando una alianza con la Agrupación Orden y Progreso. Así, el Estatuto volvió a modificarse parcialmente, dado que ambas agrupaciones negociaron turnarse en el Gobierno, lo que dio lugar a los períodos de Angel Colaccino (1966/68) y de Jorge Propatto (1969/70). Como observarán, ambos ex presidentes condujeron el club por dos años (y no tres), al abolirse la reglamentación pautada a partir de 1950/51. Para 1971, la debilidad política de las agrupaciones Orden y Progreso y Fracción Tradicional, a las que se sumaban otras 11 fracciones, se tradujo en la asunción de un tal Osvaldo Valiño.

Durante la gestión de Valiño, el Estatuto sólo tuvo una modificación. Al ver la cantidad de socios vitalicios promovida por aquella cláusula de los 30 años de antigüedad, se decidió retocar el padrón. Se estableció que la institución debía tener un techo de 6.000 socios vitalicios, ni uno más. La dinámica de los acontecimientos ya conocidos hizo que con el paso del tiempo se efectúen las históricas elecciones de 1980, en las que se enfrentaron los candidatos Bonina, Ure y Baldrich.

Bonina accede al privilegio de presidir el CASLA por la Lista Blanca Opositora, cuando en realidad “el candidato “ iba a ser nuevamente Osvaldo Valiño, quien al estar inhibido desde lo económicó sólo pudo participar en condición de vocal. Cosas del San Lorenzo de entonces.

Se tuvo que esperar hasta la época del descenso, hasta el año 1981, para que en medio del caos suscitado por el desastre de perder la categoría un grupo de socios propusiera el reemplazo del hasta entonces presidente Vicente Bonina por Héctor Habib. Luego de lograrse el ansiado ascenso, ante el clima de algarabía reinante se propone una serie de cambios de consideración. Pero recién a partir de 1984 se reduce la cantidad de miembros tanto de la Comisión Directiva (de 32 a 20) como de la Asamblea (de 120 a 60), y poco más.

En definitiva, nunca se realizó una modificación estatutaria exhaustiva e integral como la que esperamos que se implemente en estos tiempos. Se trata de una deuda histórica que la institución tiene la obligación de saldar. O elegimos meterle un nuevo maquillaje mirando a las elecciones de diciembre o vamos por la implementación de reformas que nos den un Estatuto moderno que sirva para los próximos 100 años. Depende de nosotros estar a la altura de las circunstancias.  





 

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