28 NOV
2013
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CICLONSIEDAD


Por Pablo Jelovina
Escritor. Autor de La Pluma Más Negra. Socio Nro. 89.067
[email protected]
Twitter: @10Boedo

Como ya nos tiene acostumbrados a decribir los distintos estadíos de las emociones cuervas, Pablo Jelovina recurre una vez más a su pluma. Esta vez para dibujar en letras las horas que no pasan rumbo al final del campeonato.

CICLONSIEDAD

Un ensayo de la Universidad de Massachusetts afirma lo siguiente:
La ansiedad es.
Fin

Me pareció acertado comenzar con este ejemplo de lo que los cuervos, en su totalidad, estamos sintiendo. Y eso es porque no veo la hora de agarrar a la ansiedad como si fuera una pelotita de esas que sirven para calmarte los nervios, y apretarla, y estrujarla, y tirarla contra la pared para verla caer pidiendo clemencia, y cubrirla con una manta azulgrana para rematarla, y que en ese preciso instante todo se vuelva domingo, todo se vuelva tribuna, cuer(v)pos cantantes, todo se vuelva color y salto descontrolado.

Porque no vemos la hora de tener a la ansiedad cara a cara y decirle, o mejor gritarle, que se corra de nuestro camino, que estamos dispuestos a plantarnos ante el tiempo en un mano a mano y demostrarle que no es el día que dice ser, sino que ya estamos mostrando entrada o carnet para pasar por lo molinetes, porque se escucha el clamor que nos llama, que nos seduce desde aquel paraíso festivo entre tribunas.

Porque yo no sé si el tiempo y la ansiedad saben que las estadísticas están de nuestro lado. Que nos toca a nosotros, porque cada 6 años (el tiempo no lo puede negar) pegamos el mismo grito, y cada vez que mi tío se muda y el vecino de enfrente tiene un hijo es porque estamos por campeonar, y todas las veces que Venus se acercó en línea recta a Marte y un Secretario de Comercio renunció, el Ciclón bordó una nueva estrella a su palmarés.


Entonces, me creo con el total derecho de reclamarles a la ansiedad y al tiempo que vuelvan a las cuevas de las que alguna vez alguien, con muy malas ideas, los dejó escapar, y nos permitan cerrar los ojos y abrirlos con la garganta en medio de ese “oooooh San Lorenzooo, ooooooh San Lorenzooo”, tan lejos de las notas de Víctor Heredia, pero tan cerca del corazón azulgrana.

Porque me siento burlado. Cuando empecé a escribir exigí ya haber terminado para probar el poder de mi postura, y sin embargo aún estoy en medio de un párrafo que veo llenarse letra a letra.

Tal vez me tenga que quedar con la cursilería de pensar que, línea a línea, segundo a segundo, las alegrías se disfrutan más. No sé. Eso será fácil de aceptar el lunes. Hoy es ver grano a grano cómo los relojes de arena se complotan al tiempo y a la ansiedad para hacer que el domingo parezca inalcanzable.

Pero en algún punto me freno y pienso que todo puede pasar. Que no hay nada dicho aún. Como tampoco había nada dicho en Rosario, ni había nada dicho contra un River que no aflojaba.

Que sea lo que deba ser, Ciclón. No te pongas nervioso, porque sabés que, pase lo que pase, te vamos a querer igual. Usá nuestra esperanza a tu favor. No la vuelvas tu enemigo. Salí a la cancha a disfrutar del estado que generás en nosotros, de la ciclonsiedad que provocás en este universo inigualable.

No vemos la hora de verte. Eso es lo que nos pasa. Que el tiempo sea un simple testigo de este sentimiento, y que la ansiedad se rinda a tus pies. En la alfombra verde que transforma en fiesta nuestro incondicional amor.

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