31 MAY
2016
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EL GEN AZULGRANA


Por El Veedor
Auditor de árbitros. Detractor del siga siga y enemigo del todo pasa. Espía en AFA.

Twitter: @VeedorAzulgrana
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El Veedor Azulgrana nos comparte su particular visión de la frustrante derrota en la final del Torneo Transición. Lanús fue un justo ganador del certamen que estaba arreglado para San Lorenzo. El equipo y su entrenador quedaron en deuda ante una multitud que alentó sin parar.

EL GEN AZULGRANA

Sentado en una mesa oculta, en un bar de Constitución, brindo a la salud de mi acompañante. Por su parte, él brinda a la salud del campeón. No lo culpo. Últimamente en su rol de periodista ha sufrido mucho por defender la apuesta de sus patrones. Mi compañero de tragos se define como un sicario, yo le digo que es un suicida. Me explica que el periodismo en sí mismo es una profesión suicida, le explico que no se lo digo por su profesión... hace media hora que lo veo penetrar con los ojos a un travesti dominicano que no tuvo ni la delicadeza de afeitarse. No le gusta que me meta con sus debilidades. Hace fondo blanco con su trago, apoya fuerte el vaso y en su cordobés natal me dice que está feliz... “No te entiendo Elio, vos dijiste que estaba todo arreglado para San Lorenzo...” lo chicaneo. Sin ponerse colorado se levanta, se acomoda los tiradores y enfila por Salta esquina Cochabamba en busca de alguna jovencita que nació varón. “Está todo pago” grita al salir. No me queda claro a qué se refiere.


Me quedo reflexionando solo, no quiero llorar pero la risa no me sale. En la radio suena Maramá, me duelen fuerte las bolas. El trava se levanta y se menea al ritmo de “te pones loquita mamita...” y lo primero que me viene a la mente es... bueno, lo primero que me viene a la mente (que no tenga que ver con lo que estoy viendo) es Pablo Guede. ¿Le decían Loquita? ¿Qué cambió?


Llegó para reemplazar a Edgardo Bauza, un entrenador que orilla en las antípodas de su paladar. Se habló de su obsesión por la presión alta, de atacar siempre con siete jugadores y de ser insoportables. Un estilo bien diferente al equilibrio (a veces extremo) que proponía Bauza.  Un estilo bien diferente al que mostró su San Lorenzo hilvanando siete victorias seguidas luego de perder con Quilmes y Arsenal. El plantel no pudo hacer el quiebre táctico. No lo logró. Se puso rígido y a Loquita la sedaron. Luego de negociar en el campo de juego, fue tarde para pasar la primera fase de la Copa, y a la luz de los hechos casi nos deja sin final en el torneo. Guede no quería jugar de otra manera que no fuera a lo Guede. Le boicotearon el manual. Guede se adaptó, no le quedó más remedio que ser inteligente, conducir el barco hasta el mejor puerto posible y esperar un nuevo libro de pases, o irse.


Con Lanús no vimos nada, no vimos al equipo de Guede ni vimos el pragmatismo que identifica al plantel. Vimos un equipo sin ideas, que pareció no tener trabajo para resolver los problemas que le trajo Lanús. Estático, sin convicción. En ese aspecto el papelón fue de todos; los jugadores y el técnico. Con el resultado puesto, la renuncia del entrenador hubiera sido un punto de quiebre. Guede renuncia cual Pizzi en Caslamarca, no se la aceptan (y está muy bien que así sea) y nace un nuevo San Lorenzo donde Guede impone sus condiciones. Pero no hubo músculo para hacer la parodia. Y ahora no sabemos cómo sigue esto.


El resultado de por sí solo reclama un fin de ciclo para ciertos jugadores y una fuerte autocrítica entre Guede y Mr President. Si no le jode, y justo ese día puede, sería bueno que en la discusión esté Bernardo Romeo. Como para que cebe mate y cuente alguna anécdota que descomprima cuando la cosa se ponga espesa.    


Levanto la mirada y en el fondo, colgado en la pared, hay un póster del campeón de América. El trava dominicano me regala una sonrisa, cree que lo miro a él. Pero yo ya estoy mirando más allá. Si hay algo por lo que será recordado este plantel (o parte de este plantel) es por haber ganado la Copa Libertadores. Pocos se acuerdan que hace menos de seis meses fuimos sub campeones. De hecho, muchos se sorprenden cuando lo recuerdan y si lo recuerdan es porque algún sorete les hizo notar que ayer, otra vez, salimos segundos. Probablemente eso se deba a dos cosas: 1) de los segundos, nadie se acuerda. 2) Somos un club grande que no festeja segundos puestos. Le guste a quien le guste. El gen de la grandeza lo tenemos claro (casi todos, phone call Mr President...). 


Al fútbol se juega para ganar (porque esa es la lógica del juego, y también del negocio). Sólo uno gana, sos campeón o no sos nada. Jugar finales es un orgullo, hasta que perdés el doble de las que ganás, entonces el orgullo se vuelve un dolor de culo. Nadie crece perdiendo finales. Reconozco que no es sencillo llegar a esa situación privilegiada. Jugar una final evidencia que has hecho muchas cosas bien. Perderlas implica que hay algo que corregir.


Conformarse con jugar finales es algo, por ejemplo, propio de un equipo que se aferra a logros morales y no terrenales. No queremos entrar en esa. Nunca entramos en esa. No nos pidan que entremos en esa para que el folletito previo a las elecciones de diciembre luzca más lindo, porque no necesitan estirar tanto la cosa.  Aceptamos que se gana y se pierde. Nunca vamos a aceptar la victoria moral porque nuestra historia está hecha de victorias reales. No nos bordamos fantasías. No nos borden fantasías.


En esa línea de pensamiento quemero, Mr President dejó escapar una frase que ahora explica dónde se origina la disyuntiva que esta situación genera entre los cuervos: “San Lorenzo se recibió de grande cuando jugó en la B”... Creerse tamaña estupidez es caer en un lugar común y de tan común casi ordinario y grosero. Pero además es extraño, como también fue extraño decir que “todos nuestros técnicos fueron campeones” cuando ni siquiera estábamos clasificados a la final con Lanús… “Por las dudas” ya se intentaba domesticar al estanque bajando la línea de la buena onda. Por si hiciera falta aclararlo y aparentemente hace falta, San Lorenzo se recibió de grande cuando cortó la racha de títulos que se repartían Boca y River en los albores del profesionalismo. Se recibió de grande copando estadios cada domingo. Se recibió de grande con la delantera del 46, con los Matadores, con el bicampeón del 72 y el campeón del 74. Se recibió de grande con Jacobo Urso entregando la vida por los colores, con Omar Higinio García, Facundo, Coco Rossi, Telch, Albretch, Fischer, Sanfilippo, Scotta (y podés seguir sumando cracks a la lista). Se hizo grande con el único Gasómetro, su vida social, Boedo y el Club juntos de la mano, siendo epicentro cultural de la Ciudad de Buenos Aires. Hasta que llega el puto descenso y le aseguro que si usted hubiera visto a mi abuelo como yo lo vi cuando nos fuimos a la B, guardaría respetuoso silencio.  


San Lorenzo descendió siendo un equipo grande. Uno de los cinco grandes del fútbol argentino. Me pregunto mientras escribo esto, a quién se lo estoy explicando, y me recuerdo a quién se lo estoy explicando y no lo puedo creer...


San Lorenzo desciende siendo grande y se apoya en su gente, que responde con la altura propia de su grandeza y se convierte en un fenómeno de convocatoria sin precedentes. No igualado por Rac*ng, ni por Independiente, ni por River en sus respectivos descensos. La gente de San Lorenzo demostró amor y compromiso hacia los colores y un profundo sentido de identidad que se gesta en la conciencia plena de saber que no fueron en vano todos los campeones y campeonatos recién mencionados. San Lorenzo no ganó nada jugando en la B, su gente vendió cara la vergüenza de ser el primer equipo grande en bajar de categoría. Fue un acto de amor propio de una tribuna heroica que no tiene dudas de la grandeza que porta la azulgrana. Como ayer, que ante lo inevitable, demostró que pasan los años pero esa parte del gen sigue intacta. Mientras el equipo se arrastraba sobre el césped, vos ponías la cara en la tribuna y otra vez fuiste el mejor jugador de las ocho finales que jugó San Lorenzo en los últimos años. Vos te merecías otro final. Vos no te recibiste de Gloriosa quedándote callado cuando el equipo no tiene respuestas. Y San Lorenzo no se recibió de grande en la B, Mr President, ni lo de ayer fue un post grado en grandeza. Cuando perdés y sos humillado, cuando jugás en la B o te golea Lanús en una final, no te recibís de nada. A lo sumo podés llegar a ser un experto en poner el culo. Huracán hizo de eso su propia mística. Nosotros no somos lo mismo. ¿Se entiende?


Mr President, usted puede recitar de memoria el plantel campeón de cada una de las estrellas que porta nuestro escudo. Ellos no.  


Cuando hoy nos adoctrinan para que aplaudamos la cantidad de finales jugadas bajo su gestión, los actuales dirigentes están poniendo el ojo en el protagonismo logrado y eso es muy meritorio. Es muy meritorio que le hayan dado esta competitividad a San Lorenzo y por eso se les agradece. Pero si vamos a hablar de las finales jugadas, hablemos por completo. Digamos que se perdieron casi todas y hagamos un análisis más profundo y menos conformista, o menos ególatra, o menos soberbio, o menos defensivo. Porque si en lugar de perder casi todas esas finales, las hubiéramos ganado, hoy hablaríamos de la Década Cuerva. Y todos hablaríamos de la gestión más exitosa de la historia. Y sin embargo, con lo poco que se ganó (el Apertura 2013, la Copa 2014, y la Supercopa Nacional 2016) nadie se animaría a decir que esta no es la gestión más exitosa de la historia. Y eso habla mucho de lo que somos, y de lo que algunos no entienden que tenemos que dejar de ser para saldar una deuda histórica y adueñarnos de una década de gloria donde se recuerde al San Lorenzo que ganó todo. El gen cuervo, esa cosa no definida que desconoce el límite entre el aplauso, el agradecimiento y la exigencia, se asoma todo el tiempo para impedir que logremos engordar las vitrinas, pidiendo que nos conformemos con poco y aplaudamos finales perdidas…


 Conformarse con jugar finales va de la mano con “vos te olvidás cómo estábamos en 2012”... Y yo no me olvido de cómo estábamos, me acuerdo que así estábamos porque el socio en su mayoría votó a Carlos Eusebio Abdo y se hizo el boludo con otros dirigentes que hoy son salvadores del Club pero que no nacieron de un repollo y estuvieron muy ligados a quienes casi destruyen a San Lorenzo. Votando a Eusebio el socio encontró la mejor manera para darle entidad dirigencial a la figura de un tipo con guita que nos tenía que sacar del pozo. Uno que venga y la ponga toda. El mismo Grupo Inversor que nos arruinó, pero sentado a la mesa de comisión directiva. En ese sentido, Abdo era el más parecido a Tinelli, esa es la realidad. Como falló, fueron a buscar a Tinelli, no fuera cosa que se hiciera una auditoría seria y saltara la mugre. Grondona bendijo el golpe y LATI desembarcó en Boedo. Así estábamos en 2012, escapando de un mal gerente, corriendo a los brazos de otro, y en el medio asegurándonos que nadie pague los platos rotos.


En 2014, casi eliminado de la Copa, Marcelo se tomó licencia. Al año siguiente hizo formal su deseo de saltar a una plataforma de poder más congruente y quiso la AFA. Hoy quiere una Súper Liga. Pelea a brazo partido en AFA contra el líder sindical más oscuro que presenta la arena, Hugo Moyano, y lo pelea con San Lorenzo como escudo. ¿Por qué? No lo sé. Y vos tampoco. Vos estás viendo que la prensa te mata, viste arbitrajes insólitos cuando peleaste el título contra las elecciones en Boca, estás viendo cómo te quedás en la puerta de todo mientras tu ancho de espadas está velando por conseguir más poder personal, ampliando su campo de batalla sin impedir que su guerra condicione a San Lorenzo.


Nadie te preguntó si querías a San Lorenzo peleando por la concreción de la Súper Liga. Mr President no nos explicó de qué se trata la famosa Súper Viga, perdón, Liga... ni por qué San Lorenzo es el escudo de Tinelli, de Angelici y de D´Onofrio en esta batalla por llevar el fútbol a una competencia donde vamos a tener a dos equipos poderosos y dieciséis invitados en un camino casi certero hacia el fútbol privatizado. No nos explicaron nada ni nos preguntaron nada. Ejecutaron. Tampoco se debatió en Comisión Directiva. Total, metimos varias finales en tres años, ya es mucho más de lo que hizo cualquiera... Me pregunto si no tenemos ansias de superación, si no tenemos más hambre de gloria, y no quiero responderme.  


Porque si nadie te pregunta, es porque tu opinión no importa. Si tu opinión no importa es porque están muy seguros de que vos estás conforme. Si vos estas conforme con jugar finales y perderlas, entonces no queremos lo mismo.


Yo quiero un equipo que suba escalones y que no los vuelva a bajar. Entiendo que esto es un juego donde solo uno gana y el resto la chupa. Entiendo que jugar finales es ser protagonistas, y también entiendo que perderlas es retroceder.


¿Hay que romper todo y empezar de nuevo? No. Claramente no. Si pasamos de pelear una Promoción a jugar finales eso hay que defenderlo. Agradecerlo y defenderlo. Pero hay que pararse sobre esa plataforma y ver cómo mejorar. Dar el salto de calidad. No llegaste a la meta cuando jugás una final. Esa era la meta hasta hoy. Si a partir de hoy hacés de jugar finales una sana costumbre, bienvenido sea, el paso siguiente es ganarlas. Si te quedás con el conformismo está mal. Y si usás ese conformismo para silenciar al socio mientras llevás adelante emprendimientos personales que terminarán por concentrar más poder individual en tu figura, sentenciando el futuro deportivo e institucional del club a ser partenaire de Boca y de River en una Liga pensada a su medida, estamos hablando de algo puerco, feo, casi una traición.


Pero en eso somos cómplices los hinchas. Cuando confundimos jugar finales  con ganarlas. Cuando nos conformamos entendiendo que esto es un juego y que se gana y se pierde. Cuando negociamos con la idea de lo mal que estábamos hace tres años sin pensar cómo llegamos a eso y quiénes nos llevaron. Y si no somos cómplices, entonces la jugás de distraído, porque en San Lorenzo se acabó la inocencia ideológica desde que hace 16 años existe gente que nunca comió del sanguchito.  


¿Cómo creés que juega esta derrota en las intenciones políticas de Tinelli en AFA? Te lo digo yo, sin dudas a favor. Si Herrera expulsaba a Velázquez por la tremenda patada a Buffarini por la que solo recibió tarjeta amarilla, o si lo hubiera amonestado por reingresar un balón en lugar de sacarlo de la cancha cuando atacaba San Lorenzo, eso hubiera perjudicado la imagen de Tinelli. Sus enemigos en la lucha por AFA instalaron que estaba todo pago por el exitoso conductor televisivo. Se instaló que “Tinelli compra todo” y que este torneo “estaba arreglado para San Lorenzo”. Si Herrera cobraba lo que tenía que cobrar, si San Lorenzo hubiera salido campeón, hoy estaríamos todos sospechados de tongo. A Tinelli, esto que sucede, le conviene. No te digo que no quería una vuelta olímpica. Te digo que esto lo liberó del chisme mediático que todo este tiempo operó asociando el buen andar de San Lorenzo en el torneo con el supuesto escritorio del líder. Entre el torneo pasado y éste se han aprovechado de San Lorenzo sin que desde la dirigencia pudieran defenderlo por estar atentos a otros intereses que nada tienen que ver con el club. Incluso en lo referente al maltrato de la prensa, porque defender a San Lorenzo en la batalla mediática también les complicaba las disputas que encarnan a título personal.


Decía Ortigoza hace unas semanas que San Lorenzo es especial, que la gente está acostumbrada a sufrir. Sufrir por la promoción, por salir campeón, siempre sufriendo. La verdad, tengo las pelotas al plato de sufrir. No soy Rac*ng. No soy Hurac*n. No quiero sufrir como elemento insalvable para gozar. No me sirve, sobre todo cuando sufro y no gozo. La idea es no sufrir. Te banco un mano a mano con River. Te banco un mano a mano con Boca. Te banco un mano a mano con Independiente. Sufrimos. Ganamos, perdemos. Es un juego. No te banco un 0-3 con Arsenal. No te banco un 0-4 con Lanús. No te banco tres empates seguidos para salir campeón de orto en la cancha de un equipo de mierda que casi te deja en pelotas. No te banco los cómo sufriste. No te banco la patología del sufrimiento. Si para que se te ponga dura te tenés que meter un dedo en el orto, hay algo que no estaría funcionando del todo bien.  


El mozo me hace señas, se pasó la hora de cierre, me están bancando, me ven mal. Le pregunto si volvió Elio Rossi a llevarse el trava dominicano pero me dice que el petiso culo roto no volvió y que el negro salió con un cliente, un chico con la camiseta de Hurac*n. “Qué raro...” acoté, “hay que tener gusto para comerse a un quemero”. “Peor es comerse a Elio Rossi”, agregó pícaro el mozo. Pagué y salí. La noche estaba fría, lluviosa, camino hasta Independencia y me cruzo con Maidana, el línea que ignoró la posición adelantada de Sand en el tercero de Lanús. Me presento y le pido que me diga por qué se ensució las manos con una jugada clara y con el partido definido... Me dijo que para él estaba habilitado. Yo creo que se quiso asegurar el sobre. No le pregunté nada más. Noche de mierda. Seguí caminando. Se recibió de grande en la B, qué quemecuervo por favor...

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