28 NOV
2014
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NIVELANDO PARA ABAJO


EtiquetasEtiquetas: Historia Azulgrana

La obtención huracanense de la C. Argentina y sus dificultades para acceder a uno de los 10 ascensos a Primera suscitan reacciones llamativas en parte del Pueblo Azulgrana. No es sólo el presidente del Club, lo que ya de por sí resulta polémico, quien expresa su deseo de que al rival le vaya bien, sino que muchos cuervos manifiestan una extraña (inaceptable) mezcla de misericordia y simpatía por ellos

NIVELANDO PARA ABAJO

La insólita obtención de la Copa Argentina por parte de Huracán y sus desopilantes dificultades para garantizarse uno de los 10 ascensos a Primera División suscitan reacciones llamativas en cierta proporción del Pueblo Azulgrana. No es sólo el presidente del Club, lo que ya de por sí resulta polémico, quien expresa su deseo de que al rival le vaya bien, sino que muchos cuervos de a pie manifiestan una extraña (y para nosotros inaceptable) mezcla de misericordia y simpatía por el conjunto de Parque Patricios.




Hace poco más de tres años, lanzamos una sección que -lo reconocemos- salía con los tapones de punta a proponer el debate sanlorencista de ciertos lugares comunes que ansiábamos (y seguimos ansiando) desterrar. Se llamaba "Zonceras Azulgranas" y el título es lo suficientemente elocuente como para no explicar mucho más sobre su contenido. No casualmente su primera edición, la zoncera azulgrana número uno, se vinculaba con una tendencia a la nivelación hacia abajo que muchos cuervos propician, tanto en la tribuna como en el día a día, a la hora de considerar a Huracán. Una institución a la que, al darle cabida, se le da vida. 

La confusión surge, quizás, al considerar que "ningunear" (en realidad, darle la entidad que realmente ameritan) a los vecinos equivale a menospreciar parte de la identidad del Ciclón. Como si la pertenencia y el arraigo (temáticas pilares en el análisis y el quehacer de Deboedovengo) de San Lorenzo en Boedo necesariamente implicaran atar nuestra suerte presente y futura a la del "Globito" (entiéndase el diminutivo cariñoso como una ironía). Una falsa disyuntiva que se parece mucho al autoboicot.

Más que traer aparejados beneficios, esta propensión al vuelo bajo sólo puede resultar perjudicial para San Lorenzo, un gigante que merece un nivel de exigencia acorde a su envergadura. Con la consagración en la Copa Libertadores como cuenta saldada y la posibilidad de convertirse en el primer equipo argentino Campeón Mundial en el horizonte inmediato, el Pueblo Azulgrana no puede ni debe contentarse con la ventajosa comparación ante el hijo menor, en lugar de profundizar su rol anti-hegemonia riverboquense, en el plano local, y aprovechar el envión para seguir creciendo y ganando prestigio, en el ámbito internacional.

Nos parece éste un buen momento para reavivar la discusión. Por eso evocamos dicha editorial a continuación. 



ZONCERA NRO 1: DARLE VIDA A HURACÁN 

Incorporadas como axiomas en nuestra azulgranidad cotidiana, las zonceras que en esta nueva sección reseñaremos nos impiden proyectar el club que soñamos: un San Lorenzo digno, poderoso, orgulloso de su identidad y orientado hacia el éxito internacional. Basta detenerse un instante en su análisis para que las zonceras resulten obvias, pero ocurre que lo obvio pasa con frecuencia inadvertido, precisamente por serlo. Por fortuna, grande es el consuelo de saber que en cuanto el zonzo analiza la zoncera, deja de ser zonzo.




Zoncera 1: Darle vida a Huracán

Hace poco menos de 40 años (o sea, casi un 40% de su historia) que Huracán viene en caída libre. Desde su única alegría en el Profesionalismo hasta nuestros días, el Club de la Eterna Nostalgia no ha dejado de acumular “méritos” para desaparecer de nuestra consideración, entre los que se incluyen tres descensos, nueve temporadas en la “B”, ningún logro deportivo, un innegable debilitamiento institucional y un nivel de convocatoria cada vez más pobre.

Sin embargo, aún hoy Huracán subsiste como una presencia fantasmal en el cancionero y el ideario cuervo. Hay que hacernos cargo: desde que tengo memoria, en infinidad de ocasiones la tribuna azulgrana consoló fracasos propios con desgracias huracanenses (lo que se dice, un verdadero consuelo de zonzos). Muchas otras veces, en tanto, hemos preferido darle entidad al Globo en lugar mandar al equipo al frente, de concentrarnos en instancias decisivas o de apuntar hacia objetivos realmente trascendentes. Y el colmo de los colmos estriba en los hinchas de San Lorenzo que se alegran de que a Huracán le vaya bien “para reposicionar la importancia del clásico”, o que incluso han deseado que retorne a Primera División porque “extrañaban enfrentarlo” (y se los aseguro: que los hay, los hay).

Nadie niega una rivalidad barrial que se vive apasionadamente en varias esquinas de Boedo, Parque Chacabuco, Parque Patricios y Nueva Pompeya. No se trata de obviar una tradicional enemistad futbolera que, bien entendida (y a veces no tanto), involucra a un inmenso porcentaje del total de los huracanenses y a una relativa proporción de nosotros, los sanlorencistas. El problema es que la misma adquiera una trascendencia tal que nos distraiga de lo fundamental: recuperar el terreno perdido (literalmente), disputarle espacios de poder a los que hoy ganan todo, crecer.


Con el paso del tiempo, contar con un clásico tan débil como el nuestro nos relajó más de la cuenta, nos hizo dormir en los laureles y -reconozcámoslo aunque duela- en buena medida nos contagió su mediocridad. En tiempos de revisionismo crítico y restitución histórica, es preciso entender que, lejos de resultar inofensivos, nuestros hijos parquepatricenses representan un ancla de amarras que nos impide partir hacia nuestro destino de mayor grandeza. No es la primera vez que lo escribo, pero tampoco me cansaré de hacerlo: Huracán es un enfermo terminal, y la rivalidad con San Lorenzo es su respirador automático. ¿No llegó la hora de reivindicar la eutanasia?

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