22 FEB
2016
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POCA GENTE, POCA MEMORIA


Por El Veedor
Auditor de árbitros. Detractor del siga siga y enemigo del todo pasa. Espía en AFA.

Twitter: @VeedorAzulgrana
EtiquetasEtiquetas: Futbol Profesional - AFA

El partido con Vélez y el arbitraje de Beligoy merecen un análisis amplificado. La cultura del complejo que arrastra Vélez hace que San Lorenzo sea un rival especial. Todos hablan de un penal, pero poco se escucha de Carlos Tévez y su nueva víctima, el pibe Unsaín.

POCA GENTE, POCA MEMORIA

Ganar con un error del árbitro nos acerca a Boca. Por eso la sensación de bronca a pesar de la justa victoria. Si Beligoy no fuera un burro, la actuación de San Lorenzo hubiera justificado los tres puntos. Pero el tipo es un desastre y hay que analizarlo.


Por suerte, no somos un medio televisivo, por lo cual nos privamos de analizar solo treinta segundos de jugada y  para entender el acto individual abrimos el espectro a un contexto más amplio, a una mirada más general. En ese marco amplificado Beligoy no es un sujeto Crow – Friendly (hace muy poco frenó la decisión de Pitana de quitar la injusta quinta amarilla a Barrientos previo al juego decisivo contra Central, argumentando que la decisión debía ser consensuada con Bonfá, en un gesto de vedetismo gremial entre pitos), en ese marco amplificado tampoco Vélez es un rival amigable.


Desde las inferiores les meten en la cabeza que estos partidos se juegan como finales. Ellos creen haber superado la línea de Hurac*n, Lanús o Argentinos, y su objetivo son los grandes. Y San Lorenzo tiene el agregado de la envidia, el complejo, la semilla del odio sembrada por el barrabrava Raúl Gámez y el magnetismo que produce la indiferencia.  Pero lo cierto es que cada vez que San Lorenzo le gana a Vélez, del otro lado se escucha siempre lo mismo, que los robaron, que el arbitraje, la dignidad de su derrota, y queda expuesta la encubierta realidad de quien termina asumiendo la grandeza de su verdugo.


 La presión que reciben los chicos del equipo chico desde que son chicos para jugar estos partidos como verdaderas finales para reclamar grandeza, termina siendo un tiro por la culata. Y el llanto posterior termina siendo la perfecta confirmación de su tamaño. La reacción de Cubero es un ejemplo absoluto de cómo viven el partido con San Lorenzo. Si un huevón de casi cuarenta años reacciona así, lo de Toledo es entendible. En ese marco amplificado está Pavone llevándose a River al Nacional y su temor a volver a descender pero esta vez con Vélez, le debe estar jugando una mala pasada. Su cercanía al retiro sin haber superado la franja de la mediocridad también debe ser un ancla mental para el Tanque. Por eso las declaraciones infantiles post derrota.


En un marco amplificado los errores de Beligoy benefician y perjudican a ambos equipos. Lo que determinó el resultado fue la actitud de cada entrenador para encender un pucho en medio de la tormenta. Once contra once, Vélez sacó ventaja en un momento de superioridad con San Lorenzo algo dormido. De a poco El Ciclón dio vuelta el desarrollo del juego al punto que no había hecho el primero y ya merecía el segundo.  El final del primer tiempo no dejaba dudas sobre el resultado y nadie hubiera discutido una victoria azulgrana. Por eso es raro escuchar a Bassedas y a Pavone, gente grande, hablando huevadas.  El segundo tiempo fue parejo hasta la jugada que desenfoca a Beligoy. El hábil delantero de la sociedad de fomento se come un lícito topetazo de Buffarini y responde con una patada sin pelota. Una reacción infantil, tonta, de un juvenil que está aprendiendo. Abundan los ejemplos de casos como este que terminan con la roja para un pibe, que alterna genialidades con burradas porque es un adolescente, y así debe ser. Cuando se habla de bancar a los pibes, justamente, se habla de bancar estas cosas. Pero Beligoy no lo expulsó, lo amonestó juzgando que la patada no fue “para tanto” y amonestó a Buffa por considerar sobreactuada su reacción. Se sacó el quilombo de encima, pero no de la cabeza. Vuelve a sacar una amarilla ya preso de su criterio “fino” para amonestar y expulsa a Cufré por doble cartón. Bien expulsado en el marco amplificado porque si nos quedamos con la falta, da la sensación de “tarjeta exagerada” pero la realidad es que Vélez pegó bastante y el vaso se terminó llenando en esa jugada, que arrastraba la mala decisión de Beligoy de no expulsar a Toledo.


 Ya con todo eso sucediendo llega la jugada que llora el equipo chico. Penal mal sancionado, donde el jugador de Vélez intenta molestar la definición de Blandi atravesando un pie que fortuitamente detiene le balón con el taco, dando la sensación de quite limpio, como todo penal, es discutible. Para mí, en el estadio fue. Desde las muchas repeticiones que ofrece la TV, no fue. Penal mal cobrado, en un juego donde abundan estas cosas, Cubero lo toma personal y le da un cortito en la espalda al árbitro, bien expulsado. La profecía auto-cumplida, vienen al Bajo sugestionados por la presión de tener que ganar, se buscan un justificativo por si se da la de siempre, derrota por paternidad, y salen a jugar nerviosos, paranoicos, provocando el papelón que provocó Cubero con su reacción ordinaria, cargada de violencia. Tras el dos a uno y la protesta generalizada, Beligoy expulsa a Buffarini por doble amarilla cuando la primera no fue justa y la segunda estaba condicionada por la expulsión de Cufré. Sin el lateral derecho en la cancha, Toledo explotó la zona y cedió para el veterano Pavone que cayéndose y dando un poco de lástima, empujó al fondo del arco ante la mirada de tres jugadores cuervos, descolocados por un manotazo del arquero. Ventaja para Vélez, el penal mal cobrado se terminó compensando. También la expulsión de Cufré. Porque Toledo no debió estar en cancha y Buffarini sí. Toledo fue determinante, tanto como la ausencia del cordobés.


Diez contra nueve, San Lorenzo lo pasó por arriba a Vélez, que ni siquiera pudo aprovechar el envión anímico de llevarse el premio sobre la hora, fue San Lorenzo el que insistió con su nuevo estilo y alcanzó la victoria en la cabeza del héroe de los goles importantes.


En un marco amplificado, comenzaron a caer las críticas irrespetuosas de muchos que olvidan su cultura equina comiendo alfalfa de la mano del comisario. A Pablo Moyano se le olvidó rápidamente que el último título de su equipo, hace catorce años, lo acordó Ducantezeiler con Grondona. Por asumirlo terminó en el loquero. Pareció un accidente, claro. Pero pasó. Como pasaron los ochenta con los Grondona manejando su destino.  Como pasó hace muy poco en el cierre del último torneo, donde Independiente le robó a Vélez el partido para clasificar a la Liguilla pre Libertadores con un penal mal cobrado en el último minuto. Pero claro, la candidatura de Tinelli a la AFA seguirá jugando en contra de San Lorenzo de acá a julio. Y si gana Tinelli, será así durante cuatro años. Todo lo que gane San Lorenzo será mirado bajo veinte lupas, en otra situación, todos dirían que fue picardía de Blandi. Pero hoy se analiza la falta como si fuera determinante de un torneo. Como lo fue Brazenas hace poco. En ese mismo marco amplificado viven Guillermo Nimo, el mencionado Gabriel Brazenas y Javier Castrilli. Porque los de Villa Luro se rasgan las vestiduras hablando de un penal (luego compensado) y olvidan que sumaron estrellas con prácticas no propias de un equipo modelo.


Porque en un marco amplificado, Vélez sigue siendo pequeño. No es modelo de nada, su presidente es un violento. Su club está tomado por Fuerte Apache, se cagan a tiros en las piletas, te afanan los autos en las cercanías del estadio en recitales y partidos, son una eterna provocación y de familia solo tienen la peor característica: en las buenas están en las malas se borran. Y hablan del Bajo Flores, ignorando la comunidad hermana que hoy les copa el barrio de Liniers. En un marco amplificado no te encuentro Vélez, no te veo.  Mandé a la B a tu abuelo. Le copé el barrio a tu viejo. Y le dí la vuelta en la cara a tu hijo. Son muchas generaciones desmintiendo tu rara forma de contar la historia.      


Bueno. Seguís ahí... no te vas. Querés que hable de Tévez. No sé qué decirte. No sé si es peor que se hagan los boludos los organismos de sanción o el blindaje mediático que se hace sobre la figura de este pobre tipo, al que le han hecho creer que es lindo, que es un ejemplo, que es líder, y que es buena leche. La culpa no es del cerdo, es de la prensa y de los dirigentes que cuidan el negocio. Carlitos lo arregla con guita y un llamado, del otro lado se comen la internación, la cirugía, comer con una pajita, los sueños postergados. ¿Por qué Tévez es impune? Ante la misma situación, a Eduardo Bennett lo hubieran extraditado. 

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