31 AGO
2016
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UNA MONTAGNA DE MUZZA, CON RODAJAS DE PROSPERI Y SIN VISITANTES


Por El Veedor
Auditor de árbitros. Detractor del siga siga y enemigo del todo pasa. Espía en AFA.

Twitter: @VeedorAzulgrana
EtiquetasEtiquetas: Veedor

El Bidegain se bancó la lluvia, la Ciudad Deportiva el mar de lodo, los cacos reventaron un par de autos aprovechando el hermoso horario nocturno, los valientes cuervos pusieron el pecho para alentar al Ciclón y el pibe surgido de la cantera la rompió. ¿Esparza?¿Romagnoli? No, Ezequiel Montana. Dicen que todos los caminos conducen a Roma, pero algunos van directo a Las Cuartetas. Volvió el Veedor.

UNA MONTAGNA DE MUZZA, CON RODAJAS DE PROSPERI Y SIN VISITANTES

Las valijas sobre la cama me piden ropa fresca, estimo que en Europa vamos hacia el otoño pero aún es verano. Pongo algunas camisas y remeras, la pastilla del colesterol, algunos rivaldos, dos azules y un dildo por si me quedo corto. Voy a aprovechar el viajecito de egresados del Ciclón para pegarle una visita a mis mejores amigas en Roma, que seguro me recibirán como aquella vez cuando fui a saludar al nuevo Papa Francisco. Me pierdo en recuerdos hermosos y sumo dos azules más. Voy a llamar a Ilary Blasi, la ex de Totti. Cortamos comunicación desde que se filtraron algunas fotos de mi celular donde estábamos en situación de roce. Negamos todo por su relación con el niño mimado de la ciudad, pero ahora que están separados vamos a tener un lindo reencuentro. En la intimidad, ella solía llamarme “caro Veggente”, “querido Veedor”...  Me empiezo a comer el bocho y sumo dos azules más y un Dramamine; hay minas que me dan vértigo. Cierro el bolso, dejo el pasaporte en el bolsillo del frente para no olvidármelo y enfilo para el Piter Bidegain. Porque antes de disfrutar de unos cafés rosqueros con Fava y Arrigui en la Piazza del Campidoglio (invita San Lorenzo) me espera el Down Flowers sub acuático con la incesante tormenta que desborda de lodo la majestuosa Ciudad Deportiva 2.0. 


Me tomé el Metrobús Sur y me bajé en la Estación San Lorenzo, de Soldati. Me acordé de Rodríguez Larreta mientras esquivaba baches y la basura que se acumula cada vez que caen dos gotas en la zona. Apuré el paso y tropecé con algo que se asomaba de uno de los extensos piletones que se forman frente al imponente Gimnasio San Martín. Era la mano de un socio del Club, carnet en mano. Cerca estuvo, pero no llegó. “Otro que se va sin ver el estadio en Avenida La Plata” dije en voz alta. Casi sin terminar la frase y llamado por el olor de la desgracia, veo saltar de entre los arboles a un croto de pelo largo y barbita que se acercó corriendo para sacarse una foto con el fiambre. Tipo raro si los hay, me desentendí de la jugada y continué mi travesía a las patinadas rumbo al estadio.


Logré entrar luego de ver cómo la policía realizaba cacheos por triplicado, con la novedad de la inspección de DNIs por el derecho de admisión. Temiendo que Mr President me hubiera incluido entre los no-invitados, pasé entre el foquerío con mi documento entre los dientes.


Llegué a la Norte pensando en qué grave error cometió el fútbol cuando se hizo cargo de un problema que lo excede por tener origen y banca en la política y efecto o consecuencia en la sociedad. La violencia en el fútbol es violencia y punto. El club abre las puertas, la gente viene a ver el espectáculo, no falta nunca un centenar de pelotudos dispuestos a romper las pelotas, focalizate en ese centenar de pelotudos y listo. Como club anfitrión asegurate que el visitante sea tratado como en su casa, organizá un comité de recepción donde hinchas locales agasajen y cuiden al visitante, maduremos como seres humanos nosotros también... que la visita tenga su punto de reunión fuera del estadio para que nadie resulte emboscado... qué se yo... ideas sobran si queremos que vuelvan los visitantes, si queremos erradicar la violencia o al menos dejarla en orsai... ¿Pero por qué te vas a hacer cargo de un problema que tiene banca y utilización política, coacción con las fuerzas de seguridad y lazos con el poder y sobre todo que te excede? El fútbol no puede ni debe hacerse cargo de la violencia.

Y en eso estaba divagando cuando ingresaba a la Platea Norte camino al ascensor de la platea cuando algo raro comenzó a sucederme. No sé cómo explicarlo pero lo último “normal” que recuerdo haber oído fue la formación del conjunto sanjuanino, a lo lejos, por los parlantes del estadio gritó Montagna y su eco lo duplicó. Tuve un chucho de frío. Inmediatamente se cerraron las puertas del ascensor y un tremendo olor a pizza me hipnotizó. Una serie de imágenes me ahogaron el cerebro, sentí el sudor recorriéndome la espalda mientras un cosquilleo intenso me hizo perder la sensibilidad de las extremidades. Se me agarrotaron los dientes y comencé a subir, a subir y a subir pero no en ascensor, trepaba como loco, trepaba y subía a gran velocidad sin mirar hacia abajo, subía y subía siguiendo el olor a pizza que cada vez se hacía más intenso. Sin darme cuenta, había trepado tanto que ya estaba en la cima de la montaña. De la Montagna. Me animé a asomar la mirada por debajo de mis pies y el Bidegain se veía chiquito, perdido en una enorme geografía de pantanos, bien lejos. El olor a pizza era insoportable. Me crucé con Romeo, que apareció flotando, con shortcitos y una lupa... "¿Qué buscás Bernardo?"... pregunto yo, "mi gol número 100"  reza una remera que luce debajo de la azulgrana. Me mira y no dice nada, tiene la boca cocida con alambre. Resignó plata por el bien de San Lorenzo, yo tampoco le digo nada. En realidad nadie le dice nada, nunca. Pero cuando se le acaben los fusibles a Mr. President será su turno y si la percepción no me falla, se irá sin decir nada. Y “hablando de Roma”, a un costado llega él: Mr President. Está vestido de blanco, lo confundo con Lorenzo Massa pero no dejo de verle gestos de Lanchita Bissio. Me acerco pero me ignora, tiene en la mano un pasaje a Roma. Varios roedores a sus pies se paran en dos patas y hociqueando a la altura del bulto presidencial se desviven por el ticket. Pero Mr President hace un bollito con el boleto y al intentar patearlo le pifia, se tropieza y las lauchas se lo arrebatan felices. Recién entonces noto que Mr President no estaba vestido de blanco, sino de Blanco. Con cara de cuervazo y camiseta azulgrana con el veintitrés, el pecho a diecisiete grados menos de lo aconsejado, tropiezos y enredaderas en las medias. El olor a pizza me generó un efecto burundanga, me siento perdido y muy aturdido. Un viento fuerte me pegó de frente y recobré el conocimiento. Estoy en la platea, al aire libre, llueve y el viento me sacude la cara de un lado y del otro. Pasó el efecto alucinógeno.


Comienza el partido y recuerdo que está Pitana. Todo parece haber vuelto a la normalidad. La Gloriosa canta desafiando al temporal, San Lorenzo anota el primero y Bauza mira todo, aunque lamentablemente lo hace desde la platea. Días después ningún medio oficial del Club se haría eco de la visita del Patón, quizás escondiendo el tremendo error que fue forzar la salida del que nos dio la Copa, sólo para darle el gusto a la histeria colectiva que produjo perder el torneo Angelici Reelección que se choreó Boca mientras Mr President y el Líder callaban, motivados por la ambición de quedarse con la AFA. 


Parece que la felicidad es posible pero Emanuel Más ensaya lo que el Doctor Bilardo llama “el pase de la muerte”. Cambio de frente impreciso, con el equipo saliendo, es medio gol rival. Todo esto me pasa por la mente en un segundo donde otra vez un nostálgico olor a pizza penetra en lo más profundo de mi cerebro y vuelvo a sentir en mi cuerpo los efectos de la misma experiencia religiosa que había vivido hace pocos minutos. La noche se puso más lluviosa adentro que afuera del campo. Otra vez el mismo verdugo, otra vez lo sacó a pasear a Corujo, otra vez el puñal en la espalda. Estoy en la cima de una Montagna y veo a todos desde arriba. Otra vez pasa Romeo, pero ahora sí le digo algo... “¿Viste quién nos vacunó, qué tenés para decir?” Nada. No se oyó nada, la misma escena, Romeo sigue al trotecito buscando su gol número cien y me dejó solo con Mr President... “Oiga, ¿usted no huele a pizza...?” le pregunté. “No siempre nos mandan a comprar pizza...” me respondió, y asentí. Porque es verdad; a veces lo mandan a comprar y a veces va él solito. Si no lo manda Spinoza va él por su cuenta y se pide una grande con rodajas de Prósperi y se la dan sin visitantes. Y a las pocas horas, se clava dos porciones de Montagna rellena (ojo con la cagadera, que viene picante). Después de su frase, el mejor presidente de la historia me regaló una sonrisa de Colgate y se perdió entre las nubes con el séquito de lauchas que le revoloteaban por entre las piernas, y mientras su figura se diluía en el infinito yo sentí frío, y bajé, bajé y bajé. Y llegué a mi pupitre en la Norte. 


El entretiempo me despejó la mente. Miraba a los plateístas y ahí estaban, con los ojos llenos de bronca. Mientras el técnico mostraba sorpresa, los hinchas mostraban desencanto. En diez minutos un pibe de veintidos años corrió el espeso velo de la mentira que abraza a los juveniles en San Lorenzo. En diez minutos el proyecto de inferiores del Club quedó atrapado bajo una Montagna de chamuyo. Todo el cuentito de los millones invertidos en los pibes mientras llegaron refuerzos falopa que taparon el bosque y no dejaron ver la Montagna. Y el pibe te desnudó con dos golazos, haciendo que la buena percepción sobre el trabajo en juveniles alimentada en la cero-pregunta y mucho arrastrado jugando al distraído, se viniera abajo como naipes mal apilados.  

Por suerte, al comenzar el segundo tiempo no hubo más olor a pizza. Al contrario, Pitana sancionó un penal a favor de San Lorenzo,  bien ganado por el pibe Merlini y mejor resuelto por Blandi luego de que Ortigoza le cediera la ejecución. Se ve que Pitana no tuvo ganas de complicar más una noche donde San Lorenzo se complicó solo. Vino con el culo sucio pero yo no me olvido de cómo se lo ensució cada vez que nos jugamos algo importante de verdad.


Terminó el partido con dos menos puntos de los que luego lamentás cuando hacés las cuentas para campeonar. Aunque quizás este semestre no tengamos ese problema. Se nota que al técnico le falta conocer el fútbol local y a muchos de sus intérpretes, de hecho Aguirre reconoció no conocer a Montagna. Claro, si cuando el uruguayo llegó al pibe se lo escondieron, al otro día lo bajaron a Reserva y luego lo fletaron. Ya estaba todo cocinado.


El parate será fundamental para ajustar conceptos, recuperar lesionados y para equilibrar mejor a un equipo que por momentos se pierde en la falta de ideas. Se viene un viaje de egresados por Roma (a Guede le hizo bien conocer las Cataratas en su momento...) y luego tenemos que dar vuelta la llave contra el poderoso Banfield de Falcioni que casi te caga el pase a la final con Lanús, que casi tiene abrochada la serie copera y que el domingo se comió cuatro y baile con River, ay... las Montagnas de mentiras que salen cual delator corazón desde abajo de la alfombra. El campo del Bidegain es una alfombra. Nobleza obliga. 


La noche se fue apagando, el olor a pizza fue una tortura, en casa me esperaba la valija todavía sin cerrar, agregué el boxer de leopardo y la tanga verde agua de la suerte que me regaló la señora Legrand hace algunos años luego de que le obsequiara una sesión salvaje de trfes cuartos de hora de paleteo en los estudios de América. Cábalas son cábalas. Y mientras ordenaba un par de medias finas, sonó el teléfono para realizarme una encuesta del Pro. Me preguntaron que opino de ciertos personajes del gobierno y cerraron el cuestionario preguntándome por Matías Lammens...


¿Qué cree que dije Mr President?

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