01 NOV
2013
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A UNA DÉCADA DEL ROBO DE 2003 (PARTE I)


En los últimos años, los tradicionales fallos (en su doble acepción) a favor de Boca y en perjuicio de San Lorenzo se han vuelto una triste costumbre, muchas veces avalada por la pasividad de nuestra propia dirigencia. El Sargento Giménez, Héctor Baldassi, Mario Korn y el Triangular Pompilio, entre otras referencias, son heridas aún abiertas, demasiado recientes, que nos costaron títulos locales e internacionales.

A UNA DÉCADA DEL ROBO DE 2003 (PARTE I)

No nos vamos a retrotraer a los controvertidos arbitrajes de Bartolomé Macías, allá en los albores del Profesionalismo, ni a recordar los goles inexplicablemente anulados por Lamolina (2-2 en el ’89) o Loustau padre (1-1 en el ’91). A ellos los ayudaron siempre, en todas las épocas (y contra nosotros, más). Y que por eso es tan reconfortante ganarles y adquiere tintes épicos tenerlos abajo en el historial (lo cual implica pisarle la cabeza al poderoso y a todos los que lo apalancan: la AFA, el Arbitraje, los Medios, el Sistema). Pero resulta alarmante el nivel de impunidad con el que nuestros Hijos vienen actuando desde hace un tiempo. Y uno se pregunta -la pregunta del millón- cuándo y cómo le pondremos fin a esta tendencia.


Dentro de poco va a cumplirse una década del 20 de noviembre de 2003. ¿Qué tiene de especial el recordatorio? Ese día San Lorenzo -dirigido por Gorosito- jugó en la Bombonera frente al Boca de Bianchi un partido nunca debió haberse disputado. Al menos no en esa fecha.


Ambos clubes peleaban cabeza a cabeza el Apertura, aunque nuestros hijos también tenían la mente puesta en Japón. Por eso solicitaron adelantar el encuentro para el 20/11. La dirigencia azulgrana (encabezada por la dupla Guil-Savino) aceptó, sin considerar que por entonces medio equipo titular -casi literalmente- estaría representando a la selección Sub 20 en el exterior (Gonzalo Rodríguez, Jonathan Bottinelli, Walter García, Pablo Zabaleta y Walter Montillo). Para cuando pidió atrasar unos días el cotejo, ya era demasiado tarde: se topó con una rotunda negativa.


Paralelamente, Boca recurrió a un recurso de amparo para impedir que Tévez -que estaba lesionado- viajara con la selección juvenil y fuera habilitado para jugar el resto del Torneo local y la Intercontinental. Su pedido fue una orden. Y se cumplió a rajatabla. Pero eso no fue todo, porque a semejante película de terror le hacía falta un actor protagónico de la talla de Daniel Giménez, nefasto personaje que supo ensuciar como pocos al -ya de por sí poco transparente- referato nacional.


Entre otros dislates, el Sargento amonestó erróneamente por ‘simular’ a Luna y Barrientos -a los que impunemente molieron a patadas toda la tarde- y expulsó a Diego Capria (por intento de agresión a Iarley, cuando éste -que no fue siquiera apercibido- no lo dejaba jugar un tiro libre) y a Claudio Morel (por doble amarilla). Después del partido, regaló simpáticamente sus tarjetas entre los simpatizantes de Boca (al menos así lo inmortalizaron los periódicos).


Gorosito fue contundente: “Yo recién comienzo y puedo ser buen o mal técnico, más o menos ofensivo, pero hay poderes contra los que no se puede pelear. Perdimos por eso, está claro. A mí no me sirve un carajo que me den dos laterales en la mitad de cancha. Me dan asco estas cosas”.


Carlos Datria, por entonces secretario del club, añadió nafta al fuego: “Tras el despojo de Giménez, se ve que los premios son para los ventajeros. Dimos cinco juveniles al Sub 20 y nos pagan con un arbitraje que nos dejó afuera del campeonato. Propondré que Giménez no nos dirija nunca más”.


Mucho más naif fue la visión de Savino: “el arbitraje nos perjudicó mucho, me queda una sensación amarga. No me arrepiento de la cesión de los chicos porque hay que cumplir los reglamentos, si no sería un ‘viva la pepa’. Me siento impotente, pero ya saldrá un tiro para el lado de la justicia. A la larga, gana la verdad”. Sin palabras…


Algunos meses después, el 22 agosto de 2004, la Bombonera fue sede de un nuevo robo xeneize ante su Padre. A primera vista, lo abultado del resultado (3-0 a favor de Boca) podría tornar insensato cualquier análisis sobre la actuación del juez esa tarde; Héctor Baldassi.


Pero veamos qué decía Clarín al respecto: “De entrada, cuando estaban 0-0, le anuló un gol a Michelini por un off side inexistente señalado por el 2º asistente Mario Korn, quien ayer se retiró. Y a los 30, no le mostró la segunda amarilla -y consecuente roja- a Carreño por fingir una infracción idéntica a la hecha seis minutos antes, simulación que sí había castigado con amonestación. (…) Es imposible saber qué hubiera ocurrido si San Lorenzo arrancaba ganando 1-0, o si quedaba con un hombre más con una hora de juego para remontar el 0-1 cuando Carreño no fue expulsado. Lo que sí es real es que son dos situaciones que tal vez podrían haber modificado el desarrollo”. ¿Tal vez, Clarín?


Cabe destacar que Michelini estaba -no uno, sino- dos metros habilitado. Y que Korn celebró, consumado el atraco, su despedida sacándose fotos con un banderín de Boca y con los jugadores de tan desagradable club.


Pablo Zabaleta opinó lo siguiente: "Siempre nos pasa lo mismo con Boca: jugamos contra once y también contra algo más. El árbitro nos dice que anuló el gol de Michelini por posición adelantada. Y el línea dice que cobró falta. No sé si el resultado hubiese variado. Pero lo único que quiero es que se termine estas manitos". Lamentablemente las manos negras no se terminarían. Lo peor estaba por venir…


(Continuará)…

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