23 SEP
2014
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CHICANA QUE ACHICA


Por Fabián Schwan
Fundador de DBV y miembro de CD de 2010 a 2012. Lic. en Publicidad. Socio Nro. 28.269
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EtiquetasEtiquetas: Hinchada

Suena mal. Le suena mal a los demás, pero -peor aún- nos suena mal a nosotros mismos. Si para mí San Lorenzo es lo más grande que hay, y me sobran los argumentos para fundamentarlo, ¿cómo me voy a resignar a decir que es “el tercer grande”?

CHICANA QUE ACHICA

Es difícil luchar contra el colonialismo cultural en el fútbol argentino, sobre todo en los tiempos que corren, tiempos de bombardeo mediático las veinticuatro horas del día, con Boca (“la mitad más uno”) y River (“el más grande, lejos”) por doquier. Pero algunos lo intentan.


Independiente, desde hace décadas y hasta hoy, se piensa como “el rey de copas”. Poco les importa a sus hinchas el óxido que corroe esos cálices ganados en Libertadores de cuatro partidos que las nuevas generaciones sólo pueden corroborar a través de imágenes en blanco y negro. Ni la decadencia ni el descenso los apartará de la posibilidad de pensarse sin nadie que los destrone. Y, en cierto sentido, está muy bien que así sea.


La miseria deportiva de Racing tampoco le impide a sus sufridos simpatizantes chapear con los lauros del Amateurismo (aunque no quede un sólo testigo vivo de los mismos) o con la primera Intercontinental traída a estas tierras. “El primer grande”, dicen ser. Inclusive Vélez -sí, Vélez- intenta percibirse como superior a los demás, abrazándose a una supuesta excelencia institucional. “El primero en ser un gran club”, se autocalifican.


Más allá de la pertinencia o no de cada slogan (es decir, de la vergüenza ajena que puedan o no suscitarnos), debe destacarse una genuina ambición de liderazgo en los tres casos enunciados. Distinto es el panorama de otras instituciones donde la batalla cultural parece perdida desde el vamos, como Rosario Central y Huracán, cuyos hinchas suelen proclamarse -con ridículo orgullo- como el tercer y el sexto grande, respectivamente.


A la Gloriosa (“la más fiel”) nunca le hicieron falta demasiados éxitos deportivos para saberse distinta de las demás hinchadas. Los cuervos protagonizamos infinidad de gestas -adentro y afuera de la cancha- que nos permiten jactarnos de estar un escalón por encima del resto. Y en estos momentos, embebidos de gloria, con la Libertadores 2014 en CAS(L)A y el Mundial de Clubes en la mira (o sea, con la oportunidad de convertirnos en el primer equipo argentino Campeón Mundial), resulta más inaceptable que nunca que haya que mirar a alguien desde abajo.


Si certificamos nuestra inconmensurable grandeza en las malas, ¡¿cómo acotarla en las buenas?!


Es un momento para celebrar y agradecer. Para honrar a los que se fueron sin poder saldar esta asignatura pendiente (pero que nunca dudaron de la gigantez azulgrana) y para proyectar por los que se vienen los desafíos que tenemos por delante. Para pensar en el inicio de un ciclo histórico que siga colmando de alegría nuestros corazones (y colmando de celebraciones el corazón de Boedo). Para no darle entidad a los que hoy suplican tenerla. Para seguir ambicionando en grande, como el más grande. Como lo que ya éramos antes del 13 de agosto.

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