29 OCT
2014
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COLGATE DE MIS TETAS


EtiquetasEtiquetas: Futbol Profesional

San Lorenzo y Boca reeditan un clásico histórico entre dos instituciones centenarias y gloriosas. El Rey de Copas y mimado de la AFA tiene un desafío mayor en El Ciclón que en su rival de siempre. Y con Huracán penando en la B, este es el partido a ganar.

COLGATE DE MIS TETAS

Al toquecito nomás de haber arrancado el primer cruce profesional entre Boca y San Lorenzo ya quedaba decretada la paternidad, el nacimiento de un hijo eterno y el surgimiento de una legendaria rivalidad deportiva. No somos una moda, somos San Lorenzo de Almagro, una institución centenaria, popular y gloriosa. Un ícono cultural que promueve valores, encuentros y celebraciones. Somos los Campeones de América y estamos pensando en Marruecos porque allí vamos a jugar la Copa Mundial de Clubes en menos de dos meses. Tenemos y tuvimos jugadores que quedarán en la historia del fútbol argentino, no solo en nuestros registros. Somos dueños de una pasión que no reconoce límites, ni utopías. Somos una tribuna convocante, de las más fieles y seguidoras del continente. Dentro de ese patrón genético reconocemos la existencia de otro hijo, el más chico, Huracán. Con ellos el trato es diferente porque son “especiales” y están dentro de un folclore que los admite, les da vida y alimenta. La historia es desigual y la brecha entre ambos clubes es insalvable (sobre todo ahora que ellos están tramitando el carné de vitalicio en la segunda categoría) pero a Huracán la geografía le tendió una mano salvadora, lo situó a las orillas de Boedo. Y ese fue su aliento de vida, el único aliento que han conocido...


Ante las ausencias de Huracán en el grupo de los privilegiados otro equipo chico buscó quitarle el privilegio de vivir a la sombra de San Lorenzo, pero en Boedo no le dieron cabida. Insistieron, se disfrazaron, trajeron cotillón, provocaron, buscaron sangre, provocaron, tiñeron el fútbol con sangre, provocaron... y aún así no pudieron atraer la atención de San Lorenzo. Porque San Lorenzo tiene más ganas de medirse con Boca que en cualquier equipo chico. Ese trato especial que reclamó Vélez en ausencia del Globito sólo puede reclamarlo un equipo chico que busca crecer emparentado a la suerte del equipo grande. Muy diferente es lo que sucede con Boca. Nosotros no nos colgamos de las tetas de nadie, porque consideramos que somos el equipo más grande del mundo. Estamos considerados entre los cinco privilegiados del fútbol local y dentro de esa estructura, a Boca lo tenemos de hijo. No le reclamamos atención a un equipo más grande que nosotros, esa posibilidad la desconocemos, no creemos que haya sido fundado un club más grande que San Lorenzo. Entendemos que quienes defienden la lógica del “Tercer Grande” se sientan como Vélez reclamando la atención de San Lorenzo. Pero ese es un complejo que deberán solucionar con su psicólogo. Los que conocemos la magnitud de esta Institución, el poder de su historia, los nombres y hombres que en ella habitan, sabemos también que no hay nada más grande que San Lorenzo.


¿Y River? Lo que no pudimos en la cancha lo ganamos en la tribuna, y aunque para la historia quedarán los dos goles de Bergessio, la realidad es que el descenso y su forma de llevarlo han colocado a River (como a Independiente) en un escalón similar. Si San Lorenzo ganara dos títulos internaciones, alcanzaría los números millonarios en ese aspecto. Para Boca ya no es desafío River, a Boca le cuesta San Lorenzo. Y le cuesta muchísimo.


Sería interesante e inteligente no caer en comparaciones mal argumentadas, hirientes con la memoria de un club que tiene trayectoria gloriosa. No somos una institución con pasado inmediato reclamándole atención a un equipo con historia. Somos un club grande dándole atención a otro grande que no puede alcanzarnos en el historial, al que le hemos llenado la cancha, y al que reconocemos como socio del Sistema. Por eso cuando le ganamos a Boca, le ganamos a todos. Le ganamos al periodista que se quiere cortar las bolas, al que vende diarios, a la AFA, al árbitro de turno, a las frustraciones de River que quiere pero no sabe cómo, a los equipos chicos que cuando nos ven desplegar el sexo sobre arenas picantes, siempre erguido y pidiendo más, toman conciencia de lo que somos. Si le ganamos a Boca, también le ganamos a los fantasmas internos, a las dudas, a las críticas. No es un partido más: es el partido que ellos no quieren perder, y lo juegan a morir. Son nuestra medida como nosotros somos la suya, a no confundirse, ni dejarse confundir.

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