06 AGO
2013
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DEJANDO TODO POR NUESTROS COLORES


EtiquetasEtiquetas: Historia Azulgrana

Había comenzado a jugar en la sexta división del club en 1915, justamente cuando San Lorenzo de Almagro conseguía sortear el primer eslabón y ascender a la primera división. Ese reflejo fue marcado a fuego en la voluntad y el amor de aquel chiquilín que encontró en el instituto del Padre Massa, a su segundo hogar. Hablamos de Jacobo Urso, de quien hoy se cumple otro aniversario de su fallecimiento.

DEJANDO TODO POR NUESTROS COLORES

Con el correr de los años, que no fueron tantos, Urso se fue formando técnica y espiritualmente. Su inclusión en la primera división confirmaba todo aquello que los observadores del club habían descubierto en el pibe de templada personalidad y garra desbordante.


Ya en la temporada de 1917 “pisaba fuerte” y sus condiciones lo iban proyectando a los primeros planos dentro del CASLA. En 1918 y 1919 le cupo la responsabilidad de alternar en puestos que, a veces, no eran sus predilectos pero ese fervor y ese amor por la casaca azulgrana lo predisponían a cualquier contingencia.


En 1920 ya se había afianzado totalmente en el primer equipo y jugo como titular nada menos que 29 partidos, descollando por su precisión en jugadas de lujo y por ese temperamento que lo distinguía. Era un mediocampista completo. Recio en la marca y hábil y veloz creando. Habitualmente se colocaba en la cancha como “half izquierdo.”


En 1921 fue titular en 36 partidos, lo que equivale a decir que solo estuvo ausente en tres oportunidades. Fue factor fundamental en la obtención de aquel meritorio cuarto puesto.


En 1922 la trayectoria ascendente de aquel muchacho de 23 años tendria un final injusto, tremendo, increíble. Luego de integrar el conjunto titular durante once jornadas, llego la tarde trágica. Fue en la cancha de Estudiantes de Buenos Aires el 30 de Julio de 1922.


En una jugada desgraciada, Jacobo Urso chocó violentamente con un adversario y sufrió la fractura de una costilla. Era irremediable que San Lorenzo descartara su presencia pero el temple y la voluntad de aquel inclaudicable luchador lo llevo a solicitar seguir jugando. Nadie lo podía creer. Allí estaba Jacobo Urso, con una costilla incrustada en un riñon y “metiendo pierna” frente a Estudiantes.


Las consecuencias fueron trágicas. Terminado el encuentro fue necesario internarlo en el hospital Ramos Mejia. Allí los especialistas lo operaron dos veces.


Durante estos días los aficionados aguardaron impacientemente noticias sobre su estado en las adyacencias del hospital, frente a su casa y en el mismo club. Finalmente el 6 de Agosto, la noticia enluto al fútbol todo y provocó una sensación de congoja general: Jacobo Urso había muerto.


Durante años, el Gasómetro, inaugurado ocho años después de este doloroso acontecimiento, llevó inscripto su nombre en uno de sus sectores. Todo reconocimiento es, de igual manera, insuficiente. Urso dio hasta su vida por San Lorenzo.

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