02 MAR
2014
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LA INJUSTICIA EN LA INJUSTICIA


Por Manuel Astesiano Agote
Abogado - Socio Nro. 50.733
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Twitter: @negrocasla
EtiquetasEtiquetas: Comisión Directiva - Club - AFA

Conocida la sanción a River por el maderazo a Grimi se vuelve a poner de manifiesto que la discrecionalidad para resolver del Comité de Seguridad siempre opera a favor de los intereses de los poderosos del negocio. En la injusticia inicial que supone castigar a los hinchas, algunos,además, tienen el comodín a su favor.

LA INJUSTICIA EN LA INJUSTICIA

Todo está mal. Quizás esa es la mejor manera de resumir la escalada de ridiculeces e injusticias que se suscitan en la Argentina alrededor de la tan mentada “lucha contra la violencia en el fútbol”. Desde los funcionarios públicos y los dirigentes de los clubes; pasando por los policías y las barrabravas; hasta terminar por los periodistas que alimentan la violencia con sus plumas o silencios cómplices; todos se han encargado de imponer sus intereses y esquivar sus responsabilidades hasta lograr desviar las sanciones a las únicas víctimas de sus negocios: los hinchas. Los hinchas genuinos, los que, a pesar de lo mucho que han sido bastardeado en estos últimos años, siguen siendo, sin dudas, lo más sano que tiene el fútbol.


Así es como arroja la primera injusticia este círculo vicioso que se alimenta en la inoperancia y connivencia entre los que se han encargado de arruinar la fiesta en las tribunas. Lejos de hacer autocrítica, lejos de juzgar las verdaderas responsabilidades o buscar soluciones medulares al problema de fondo, han cortado por la línea más delgada y nos han privado de acompañar a nuestros equipos a todos lados. Hoy se sanciona a “la gente” porque es la única pieza del esquema que en los hechos carece de representatividad directa legitimada para hacer valer el peso de sus derechos. Es el hincha el resorte menos costoso de estigmatizar a la hora de “tomar medidas contra la violencia en el fútbol”.


Y es precisamente en este impresentable esquema de sanciones donde nace la segunda injusticia, castigando al hincha según el peso político de su camiseta. La actual modalidad de impartir “sanciones” se sujeta a la estricta discrecionalidad de quienes obran sin ajustarse a regla alguna y con el margen para “cinturear” decisiones según la capacidad de lobby de quien circunstancialmente se sienta en el banquillo de los acusados. Barrabravas de River pueden entrar a un campo de juego en Córdoba a pegarle a los jugadores sin que se suspenda el partido, para luego definir la Promoción a cancha llena. Algunos emocionalmente inestables pueden incendiar el Monumental y destrozar un barrio para meses más tarde debutar River en la B, con sus hinchas sin sanción. En las tribunas del Millo se puede asesinar a puñaladas a un hincha contra Boca Unidos para recibir como castigo la clausura de una tribuna. Misma tribuna y misma pena recibirán los hinchas de River por el maderazo que recibió Grimi el domingo pasado, demostrando que para el Comité de Seguridad la perdida de una vida o el vuelo de un objeto contundente arrojado al campo de juego bien puede valer lo mismo a la hora de juzgar a un club del poder.


Para terminar de corromper el escenario, la asimetría entre las sanciones impuestas alimenta el enojo generalizado de quienes repudian la distinta vara con que se mide a unos y a otros. Este justificado descontento opera como pantalla que desvirtúa el verdadero eje del disgusto que debiera enfocarse en la inoperancia y complicidad de quienes están obligados a garantizar la seguridad en los estadios. Así entonces, la indignación se centra primeramente en las licencias que se le brinda a River a la hora de ser “sancionado” y no ya en la injusticia inicial que supone seguir castigando a los hinchas.

Hoy, el hincha atropellado en sus derechos pareciera naturalizar la ridícula prohibición de no poder asistir de visitante o, según el caso, de local, y, ante hechos de violencia, incluso exige que se impartan las sanciones que a él mismo perjudican, siendo así funcional a la impunidad de la perversidad del sistema instaurado. El debate sobre si es “justo” o “injusto” que a los hinchas de River se los “sancione” con la clausura de la Sivori es el árbol que esconde un bosque al que ninguno prefiere inmiscuirseLa podredumbre estructural del engranaje mafioso que se oculta tras “la violencia en el fútbol” se cimienta en intereses políticos y económicos tan poderosos que hasta han logrado cargarnos con sus culpas a nosotros, los principales damnificados.


La generalidad de los hinchas de River no debieran ser sancionados porque cuatro encapuchados le pegan a sus jugadores en el Gigante de Alberdi o porque algunos pierden la cabeza y destrozan el Vespucio Liberti. Mucho menos debieran sufrir un castigo porque un asesino mata o un boludo arroja una madera a la suerte del viento, sin medir consecuencias. Todos y cada uno de esos hechos debiera aparejar responsabilidades civiles y/o penales para quienes cometen los ilícitos, como también debieran ser juzgados los responsables de la seguridad en el marco de sus obligaciones contraídas Acostumbrarse a otra cosa es perder el horizonte de la sensatez y permitirle a los funcionarios, dirigentes y policías seguir abusando del estado de indefensión de los hinchas comunes.

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