20 NOV
2014
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POLVO DE ESTRELLAS


Por Carlos Balboa
Periodista. Socio 12.236. Socio Refundador 2.045

Hoy que el torneo de 30 equipos está en boca de todos, preferimos hablar de otro desaguisado de la AFA. Como si parodiara a Carl Sagan, el astrofísico que sentenció que “todos somos polvo de estrellas”, la AFA hizo polvo el revisionismo histórico y repartió estrellas para todos, equiparando logros de distinta índole y -lo más inadmisible- haciendo de un partido, un torneo de liga (¡dos veces!).

POLVO DE ESTRELLAS

En el fragor del fecha a fecha, un sinfín de sospechas tiñe cada decisión tomada desde los escritorios de Viamonte al 1.300 y un estallido de quejas detona ante cada error arbitral en el verde césped. Las dudas y acusaciones están a la orden del día, ganan la calle, la oficina y el bar; se repiten en los diarios, la radio y la tv. De la polémica futbolera vivimos, en buena medida, del “rey de compras”, el “pagan y pagan” y el “ayudín”. Pero mientras nos desgañitamos la garganta puteando a un juez por un penal mal dado o nos escudamos de la chicana ajena recordando una roja injusta, un gol en offside o un excesivo tiempo a recuperar, hace relativamente poco se “robaron” dos campeonatos enteros y nadie se dio cuenta. O a nadie parece importarle.


Debatamos, si así lo desean, sobre la razonabilidad de homologar los logros del Amateurismo y los del Profesionalismo. Diferenciemos los torneos “cortos” (de una rueda) de los “largos” (de dos), o definitivamente mantengámoslos equiparados. Objetemos, un día que nos levantemos con ganas, la validación de copas extintas con métodos de disputa poco serios (como la Copa Escobar, por ejemplo, cuyos partidos duraban un total de 40 minutos -dos tiempos de 20-, y en caso de igualdad terciaba la cantidad de córners de uno y otro equipo). Pero hay algo que no admite discusión alguna: no puede contabilizarse un simple cotejo, por más grandilocuente que sea su denominación (Copa de Oro o Superfinal), como si se tratara un certamen de liga completo. Manejémonos dentro de los límites de la sensatez: un partido no es un campeonato.


Todo lo demás es debatible. Eso no.


El año pasado, a la hora de reconocer (más vale tarde que nunca) el lauro azulgrana de 1936; es decir, al hacer cumplir lo previamente estipulado por la AFA en su Memoria y Balance de 1935, la entidad que durante tres décadas y media condujo Julio Grondona y que hoy trata de no chocar Luis Segura resolvió regalarle un título a River. Así como se lee, de un plumazo. Porque sí.


Para la temporada de 1936, el Reglamento de la AFA innovó con la coronación de dos campeones y la disputa de una eventual final entre ambos en función de definir quién representaría a la Argentina en la Copa Río de la Plata. Como es sabido, San Lorenzo se quedó con el primer torneo (que tuvo una extensión de 18 fechas y se llamó Copa de Honor), mientras que River se alzó con el segundo (que también se desarrolló a lo largo de 18 jornadas, bajo la denominación Copa Campeonato). A fines de año, en la cancha de Independiente, ambos clubes se enfrentaron en un único match para dirimir el ganador de la Copa de Oro, que quedó en manos de River.


Ya podría considerarse irrisorio que ese partido singular fuera equivalente a todo un certamen de una o dos rondas, inclusive si la fría letra del Reglamento así lo determinara. Es aún más ridículo si se tiene en cuenta que eso no es lo que preveía la normativa de AFA.


La otra estrella a revisar, también otorgada el año pasado, es la que obtuvo Vélez al vencer a Newells en la Superfinal de 2013. Este caso es más controvertido que el anterior, porque aquí la normativa sí advertía sobre la puesta en juego de un título, por lo que no puede utilizarse el argumento reglamentario. Pero nada impide usar el argumento de la razonabilidad.


La AFA enmendó parcialmente el mamarracho de regalarle un torneo a Vélez al aclarar, previo al desarrollo de la Superfinal 2014, que el nuevo ganador no se consideraría campeón. No sería mucho pedir que, en base a una aplicación retrospectiva de la sensatez, reparara por completo su error y concediera al lauro velezano su real estatus: el de distinción o copa nacional, a la par de otras “estrellas de un partido” que se han entregado a lo largo de la historia (y que se siguen entregando, como la Supercopa Argentina, que -aunque pocos lo recuerden- el propio Vélez le birló a Arsenal, al inicio de este año).


Con un revisionismo bien implementado, al servicio de la justicia histórica y del sentido común, River tendría 34 títulos locales ganados (no 35) y superaría por 10 a Boca (24) y por 20 a Independiente (14). Vélez, por su parte, contaría con 9 estrellas (no 10); es decir, tres menos que San Lorenzo (12) y dos más que Racing (7).


Una máxima grondonista rezaba que los puntos se tenían que ganar o perder dentro de la cancha y no en los escritorios. Sería deseable, hoy que el mandamás ya no está, que lo mismo ocurriera con los campeonatos de liga. Ni la Copa de Oro 1936 ni la Superfinal 2013 pueden valer un torneo.

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