16 OCT
2013
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SIN JUEGO NI HUEVOS PARA UNA FINAL


EtiquetasEtiquetas: Futbol Profesional

San Lorenzo jugó la que probablemente haya sido la peor final de toda su historia. Perdió 0-3 con Arsenal e hizo añicos la ilusión de ganar un título, acceder a la posibilidad de ganar otro y disputar la Libertadores 2014.

SIN JUEGO NI HUEVOS PARA UNA FINAL

Lejos de contagiarse por el multitudinario apoyo de La Gloriosa, desde el inicio del juego se vio a un equipo nervioso, apocado, que perdía todas las divididas y no daba pie con bola. El panorama pintaba feo desde el vamos: imprecisiones de todo tipo, impotencia atroz para hacer fisuras en el murallón que previsiblemente construyó Arsenal y una alarmante debilidad en defensa, para complicarnos solos ante cualquier bochazo al área.


Un intento personal de Correa y una mala resolución de Piatti fueron las dos únicas aproximaciones del Ciclón en todo el primer tiempo. Esta vez no puede culparse al pito (Delfino dirigió bien) ni a la mezquindad de Arsenal (ya se sabe que siempre hace lo suyo y espera un error del oponente). Error que, claro, llegó: en uno de tantos pelotazos al área, Torrico salió muy lejos, el viento y la lluvia colaboraron para que su despeje quedara corto, Aguirre de cabeza la bombeó desde lejos y Más -el lateral izquierdo de los 8 millones de pesos- no se decidió a ponerle la testa o la gamba para evitar el tanto. Para peor, a cinco del cierre Piatti se hizo expulsar inexplicablemente, yendo muy mal contra un rival.


En la etapa complementaria, los del Viaducto liquidaron el pleito muy rápido y fácil. La fórmula dos cabezazos en el área es gol (de Echeverría) más un bombazo de Zelaya llevaron el marcador a un inalcanzable 0-3. La falta de rebeldía a la adversidad, esa grandeza de espíritu que debe aflorar desde el pecho y transmitirse en cada pelota cuando la mano viene torcida, brilló por su ausencia. Tan solo Mercier, el único que jugó una final como tal, se salva del incendio.


Pizzi había declarado, horas antes de la final, que una eventual derrota no iba a ser cuestión de vida o muerte. Sus jugadores parecieron tomar la liviandad de esas palabras demasiado en serio.


Así, Boedo volvió a desaprovechar una oportunidad histórica de levantar cabeza. Y lo hizo de la peor forma posible, desilusionando a las 25.000 almas que coparon Catamarca y dejándose pisotear por un equipo de segunda línea, multicampeón local gracias a la mediocridad mayoritariamente reinante, de la que San Lorenzo es un exponente más.

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