02 DIC
2014
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A 35 AÑOS DEL ÚLTIMO PARTIDO


El 2 de diciembre de 1979 se jugó el último partido en el Gasómetro. El club debió esperar 14 años para volver a jugar en cancha propia.Sin embargo, el Bidegain no hizo que el mítico estadio de Boedo pasara al olvido. Todo lo contrario.

A 35 AÑOS DEL ÚLTIMO PARTIDO

El 2 de diciembre de 1979 se jugó el último partido en el Gasómetro de Avenida La Plata. El club debió esperar 14 años para volver a jugar en su propio estadio, el Pedro Bidegain, construido en los terrenos de la Ciudad Deportiva en el Bajo Flores.Sin embargo, volver a tener estadio propio no hizo que el Gasómetro de Boedo pasara al olvido. Todo lo contrario.

Es cierto que hubo una primera época, hasta 1998 proximadamente, en la que la alegría por recuperar la localía, sumada a la obtención del Campeonato de 1995, hizo que la historia de la pérdida del Gasómetro quedara temporariamente en el olvido.

Sin embargo, con el correr del tiempo algunos sanlorencistas comenzaron percibir cuán diferente era ser local en el Bajo Flores de lo que había sido en el barrio de Boedo.

Y a cuestionarse si realmente el Bajo Flores era un lugar que los sanlorencistas podíamos sentir como propio.

Se hacía cada vez más claro qué diferente era la experiencia de ir a ver un partido de fútbol al Bidegain de lo que había sido ir al Gasómetro de Avenida La Plata. 

Además, la pérdida de los terrenos en Boedo afectó fuertemente la sociabilidad de los sanlorencistas. Una cosa era ir caminando hasta el Gasómetro un día de semana a la tarde a practicar deportes y algo muy distinto era tener que ir (probablemente en auto) hasta el Bajo Flores.

Surgió así una conciencia del desarraigo, de todo lo perdido con el Gasómetro. Esta conciencia hizo que aproximadamente a partir de 2000 surgieran sectores que postulaban la vuelta a Avenida La Plata, como la agrupación De Boedo Vengo, la peña "Con el Alma en Boedo" y, posteriormente, la Subcomisión del Hincha.

Con el correr de los años, el tema fue creciendo y hoy está totalmente instalado entre los socios e hinchas de San Lorenzo, especialmente los más jóvenes, que en su gran mayoría no conocieron el Gasómetro de Boedo.

Si bien las responsabilidades dirigenciales que llevaron a la desaparición del Gasómetro y a la pérdida de los terrenos en Boedo son claras para los sanlorencistas, se tiene la sensación de que hay responsabilidades muy significativas del Estado en el daño sufrido por el club.

En este artículo tocaremos, básicamente, dos temas: el rol de la planificación urbana respecto al club en general y en la desaparición del Gasómetro en particular; y en segundo lugar, las implicancias de la vuelta de San Lorenzo a Boedo para la ciudad de Buenos Aires.

LA PLANIFICACIÓN URBANA Y LA DESAPARICIÓN DEL GASÓMETRO 

Me interesa enfatizar el análisis del rol de la planificación urbana en la desaparición del Gasómetro. El proceso muestra claras irregularidades de la planificación o directamente, su ausencia.

El Gasómetro llegó a su demolición a través de un proceso que tuvo como ingredientes la ingenuidad y falta de visión de algunas dirigencias de San Lorenzo de los años 50 y 60, que soñaron con la ampliación del club olvidando toda la tradición de San Lorenzo en Boedo, sumadas a la irresponsabilidad de las dirigencias de la década del 70. El otro ingrediente fue la actuación de la entonces Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires (MCBA), que por un lado tenía la necesidad de urbanizar la zona del Bajo Flores (o al menos ocuparla) y por el otro parece haber pensado que el uso dado al terreno de Avenida La Plata no era lo mejor para la ciudad.

En 1965 el club y la MCBA firmaron un convenio que implicaba formalizar una relación que llevaba algunos años. Se había "formado una pareja", aunque el matrimonio no sería precisamente feliz.

Allí se establecía que en el predio del Gasómetro se construiría un barrio de monoblocks. Además, San Lorenzo se comprometía a construir un estadio en la zona del Bajo Flores que "se financiaría mediante la venta de los terrenos en Boedo". Es decir, la venta de los terrenos en Boedo aparece como mención, a título informativo, y no como obligación.

Cuando se hizo público que la MCBA iba a comenzar los trámites para la construcción del barrio de monoblocks los sanlorencistas se encontraron ante la inminencia del cierre de su estadio. La reacción hizo que el proyecto se frenara, pero el convenio seguía vigente.

Años más tarde, tomó estado público el proyecto de construcción de una autopista cuya traza, casualmente, iba a cortar al Gasómetro por la mitad. El proyecto no prosperó por las protestas de los vecinos.

Sin embargo, con la llegada de la dictadura militar al poder en 1976 y la asunción del brigadier Cacciatore como intendente de Buenos Aires, el Gasómetro de Boedo comenzó a vivir sus últimos momentos.

La MCBA se encargó rápidamente de dejarlo en claro. En primer lugar, se decretó la apertura de las calles Muñiz y Salcedo, lo que implicaba seccionar el estadio en 4 partes. Nótese que las calles en cuestión son, como mucho, secundarias. Sin embargo, para la MCBA era urgente abrirlas.

Para incrementar la presión, el 22 de agosto de 1979 la Ordenanza 35.160 decretó la pérdida de los terrenos en el Bajo Flores otorgados por el convenio de 1965. Es decir, el club no solamente debió padecer las falencias del Estado planificador, sino que también enfrentó al Estado extorsionador.

El club estaba en situación de debilidad absoluta. Dirigencias irresponsables lo habían llevado a enfrentar numerosos juicios. Uno de ellos fue especialmente significativo, el de la empresa Altgelt, por un litigio vinculado con la construcción del natatorio en el Bajo Flores. Al perder ese juicio, la indexación (vía Circular 1050) hizo que San Lorenzo debiera rematar la primera fracción del terreno en Boedo.

Además, durante años se dejó de realizar el mantenimiento del Gasómetro y de todas las instalaciones sociales en Boedo. 

La posesión de los terrenos en el Bajo Flores tuvo un efecto perverso: permitió instalar la noción de que el club era rico porque tenía terrenos en Boedo que podía vender provechosamente y financiar así la construcción de un estadio gigantesco en el Bajo Flores. El proyecto del futuro estadio en el Bajo Flores se usaba para justificar la falta de mantenimiento del Gasómetro. 
Claro está, estas ideas no contemplaban que el dinero de la venta de los terrenos se debería usar en buena parte para pagar juicios.

La rendición quedó reflejada en la Ordenanza.35.637 del 24 de marzo de 1980, que clasifica al predio dentro del distrito de zonificación E3, supuestamente para desarrollar un "complejo urbanístico con locales comerciales". Taxativamente se prohíbe el uso "Supermercado Total". Mediante dicha ordenanza, la MCBA le devolvió al club (a 7 meses de habérselos quitado) los terrenos del Bajo Flores. Pero le quitó 4.500 m2 del predio de Avenida La Plata, a ser utilizados para la construcción de una escuela para resolver las necesidades educativas de los habitantes del "complejo urbanístico", superficie que el club "se obligó" a ceder en forma gratuita.

Como un detalle triste, la Ordenanza celebra el fin de un estadio "ruinoso y obsoleto". El Estado estaba celebrando el fin de un lugar histórico de la ciudad. Es notable que las diversas ordenanzas que determinaron el fin del Gasómetro no contemplan en ningún momento los aspectos culturales y sociales implicados. Sin embargo, en honor a la verdad, tales cuestiones tampoco fueron consideradas por las dirigencias sanlorencistas, con las consecuencias conocidas.

El 15 de febrero de 1983 la Ordenanza 38.696 derogó la apertura de las calles Muñiz y Salcedo. En 1980 era urgente; 3 años después, innecesaria. El 9 de marzo de ese año el club vendió la última fracción de su predio en Boedo a los consorcios Agrovías y Calder, vinculados al Banco Mariva. En ese momento la institución vivía una situación económica crítica, no tenía estadio (ya se había demolido el Gasómetro) y venía de afrontar un descenso de categoría. 

El 14 de agosto de 1985 se publica la Ordenanza 40.674, que aprueba el uso "Supermercado Total" para la parcela. Algo más de un mes después de esta ordenanza Carrefour le compró los terrenos a Agrovías y Calder. Rapidez de reflejos que le dicen. 
Así, el predio que en 1980 iba a ser un "complejo urbanístico" y para el que el uso "Supermercado Total" estaba expresamente prohibido, pasaba en 1985 a ser utilizado para construir un hipermercado, con aprobación del Concejo Deliberante. 

El predio que el club cedió para ser destinado a la construcción de una escuela nunca fue usado para tal fin y tiempo después, pese a ser esencialmente un bien de dominio privado de la Ciudad, comenzó a usarse como "plaza" (aunque rodeada de muros). En 2007 este espacio fue devuelto a la institución como Reparación Histórica (Ley 2464). 

ALGUNAS LECCIONES DE LA HISTORIA 

Este relato, que espero no haya aburrido al lector, buscó mostrar que la situación actual en las 4 manzanas que ocupara el club en Boedo no es fruto de un proyecto urbano definido y consistente. Más bien, es el resultado de un proceso marcado por ideas vagas de la planificación urbana, ingenuidad e irresponsabilidad de las dirigencias del club, desidia y oportunismo empresarial, con un innegable tufillo a corrupción. 

San Lorenzo no se fue de Avenida La Plata empujado por las tendencias del mercado inmobiliario. La prueba más evidente de ello es que 30 años después la zona no es demasiado diferente de lo que era cuando estaba el Gasómetro. A una cuadra del predio que hoy ocupa el hipermercado se siguen viendo baldíos, fábricas abandonadas, talleres. Y el precio del m2 de terreno de la zona sigue estando bastante rezagado respecto de otras zonas de la ciudad. 

El Gasómetro tampoco desapareció fruto de una política urbana consistente orientada por el Estado, como acabamos de ver. No hay planificacion urbana que defender en la situación actual de la zona de Av. La Plata al 1700. 
En 2007 la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires sancionó la Ley de Reparación Histórica. La misma devolvió al club el terreno que había cedido gratuitamente para una escuela que nunca se construyó. Los fundamentos de la ley dan por probado que el club fue víctima de las maniobras extorsivas del gobierno de facto. 

El terreno recibido, en el que se había construido una plaza interna a la manzana, con una sola salida (la calle Salcedo), es un verdadero engendro urbano y refleja fielmente el proceso arriba detallado. En ese terreno se iba a levantar una escuela para resolver las necesidades educativas de los habitantes de un complejo urbanístico que finalmente fue un hipermercado. El hipermercado levantó paredes que no hubiera levantado el complejo urbanístico y la escuela no se construyó pero sí una plaza (rodeada de paredes). ¿Quién se hará cargo de los problemas de accesibilidad del terreno? San Lorenzo de Almagro, por supuesto. 

Esto muestra cómo las fallas de la planificación urbana siguieron perjudicando al club incluso luego de la demolición del Gasómetro.

Otra muestra de esto son las políticas de urbanización seguidas en el sur de Buenos Aires. Primero con Cacciatore entregando terrenos a varios clubes deportivos en la zona y construyendo varios equipamientos de gran tamaño, lo que condicionó fuertemente las posibilidades de urbanización. Y más adelante en el tiempo, permitiendo el crecimiento descontrolado de las villas de emergencia y la instalación de equipamientos, que salvo excepciones muy puntuales, no prestigian a la zona. 

Seguramente no fue el tipo de urbanización que pensaron enfrentar los dirigentes del club que firmaron el convenio de 1965. Este cambio en las reglas de juego en la zona ha perjudicado al club notablemente. 

Aún hoy el club no posee la escritura de los terrenos del Bajo Flores, donde construyó un estadio y una ciudad deportiva. Esto le impide cualquier tipo de negociación de alguna fracción de los terrenos con el objeto de ampliar su presencia en Boedo e implica el congelamiento de la situación de las 26 hectáreas, situación que seguramente no beneficia a la zona. 

Compárese este tratamiento con el dispensado al Club Boca Juniors, al que se le otorgaron los terrenos de la Costanera Sur con cargo de construir obras que nunca llevó a cabo. Esto no impidió que en 1989 el Congreso Nacional sancionara una ley que permitió a Boca Juniors vender los terrenos por una cifra muy significativa gracias a la cual pudo, entre otras cosas, construir el complejo de Casa Amarilla. La inequidad de tratamiento es muy evidente.

LA VUELTA DE SAN LORENZO A BOEDO Y LA PLANIFICACIÓN DE LA CIUDAD 

La vuelta de San Lorenzo a Boedo genera acuerdos y desacuerdos. Por lo general, hay acuerdo sobre lo beneficioso que sería para el club y para la ciudad la ampliación de la sede social en Boedo y la construcción de un microestadio. 

El tema que genera más controversias es la construcción de un estadio de fútbol en Avenida La Plata. La inversión necesaria para concretarla puede hacer que el tema parezca abstracto, pero no debería orientar el juicio sobre los efectos positivos o negativos del proyecto para la ciudad. 

Considero que el análisis de la localización de un estadio no puede agotarse en la visión meramente "funcionalista", sino que debe contemplar la valoración de los aspectos históricos, culturales e identitarios, muy importantes en el caso de los estadios de la ciudad de Buenos Aires. Esta es una particularidad de los estadios, que los diferencia del resto de los equipamientos urbanos. 

La caracterización de los estadios como "monumentos bohemios" o monumentos populares", hecha por Mario Sabugo en su artículo en la Revista Ambiente (Nº 40, 1984), es muy aguda porque marca la gran diferencia entre el traslado de un estadio de fútbol y cualquier otro equipamiento (por ejemplo, un hospital). 

El estadio es un monumento y por ende se deben tener en cuenta todo el tipo de cosas a considerar al trasladar un monumento. Con un agregado: es un "monumento vivo", no es un lugar por el cual la gente pasa, mira, tal vez siente alguna emoción o no. El estadio es un monumento donde la gente siempre vive emociones y donde concurre reiteradas veces en distintas etapas de su vida. También es símbolo gigantesco de construcciones sociales y, por supuesto, el lugar donde está emplazado forma parte de su poder simbólico. 

A todo este tipo de cosas, el análisis funcionalista directamente no las considera, como si la ciudad fuera simplemente un conjunto de equipamientos que consumimos en lugar de ser el lugar donde vivimos nuestras vidas. 

El caso del Gasómetro y su eventual reconstrucción en Boedo presenta el desafío de contemplar su especificidad, la historia del estadio y cómo se produjo su desaparición, el rol del gobierno de facto y los perjuicios sufridos por el club. 

También requiere una evaluación crítica de la situación actual de la zona de Avenida La Plata, con todo su potencial desaprovechado. Un lugar histórico de la ciudad, con posibilidades de transformarse en un polo cultural y deportivo de la zona sur (en conjunción con la zona de San Juan y Boedo) ocupado por un hipermercado que bien podría distribuir su superficie de ventas en otros terrenos de la ciudad. 

Es difícil pasar por Avenida La Plata y evitar la sensación de vacío urbano, de un lugar definido por una ausencia. Y esto no solamente le ocurre a los sanlorencistas. 

El lugar que era centro de reunión de miles de socios, sede de toda clase de eventos multitudinarios, un verdadero centro de cohesión social del barrio, hoy se caracteriza por la monótona entrada y salida de anónimos compradores. De un lugar público donde se construía sociedad a un lugar privado destinado al consumo individual. 

La construcción de un microestadio y de un estadio con instalaciones complementarias (canchas, auditorio, etc.) podría cambiar fuertemente el perfil de la zona, recuperando una centralidad que hoy no tiene. 

Analizar la vuelta de San Lorenzo a Boedo nos obliga a abandonar el prejuicio de que "lo que ocurre" a nivel urbano siempre es correcto, incuestionable e irreversible. En la ciudad, a veces "lo que ocurre" es simplemente eso: algo que ocurrió. Sería importante no caer en el "por algo habrá sido". 

La vuelta del estadio (con instalaciones deportivas y culturales complementarias) no logrará "volver el tiempo atrás" y no lo pretende, sino que busca que el club desarrolle su potencial, que el barrio de Boedo (y aledaños) recupere un club social del que hoy carece y la ciudad un hito urbano que no debió perder. 

El hecho de que el tema tiene más predicamento entre los socios jóvenes que entre aquellos que conocieron el Gasómetro es un indicador de que la vuelta a Boedo no se alimenta de nostalgia. 

A la ciudad de Buenos Aires de los 60 y 70 se la ha caracterizado con una imagen: "veredas y colectivos", reflejando la fuerte presencia de lo público. El Gasómetro era una pieza casi lógica de ese tipo de ciudad. 

Sin embargo, los años 80 y 90 se caracterizaron por el predominio de lo privado: autopistas, automóvil particular, barrios cerrados. Y pareció que la nueva tendencia sería eterna. 

Pero el modelo mostró rápidamente sus limitaciones y hoy nadie discute la necesidad de priorizar el transporte público. Esto muestra cómo en la ciudad a veces los contextos cambian o simplemente se toma conciencia de los errores. Y a veces es posible llegar a la conclusión de que resulta más perjudicial persistir en un error, por costoso que resulte corregirlo. 

El estadio dispondría lógicamente de infraestructura deportiva complementaria que beneficiaría a los vecinos, muchos de los cuales seguramente se asociarían, incentivados por beneficios especiales que el club podría otorgarles. 

Para el club sería fundamental recuperar presencia en su zona histórica y para la ciudad sería muy positivo recuperar el "monumento popular" que era el Gasómetro de Boedo. 

No debe olvidarse que el Gasómetro (y el club construido a su alrededor) era un gigantesco símbolo de la pujanza de las clases medias y populares de la Buenos Aires de la primera mitad del siglo XX. Recuperar tal lugar histórico implicaría rescatar esos procesos de construcción social. 

Es cierto que el club podría limitarse a ampliar su sede y construir un microestadio y esa situación sería mejor que la actual. Pero también es cierto que así no se recuperaría el monumento popular que fue el Gasómetro, las instalaciones deportivas serían menores y un eventual cambio de perfil de la zona sería moderado o inexistente. 

La instalación del estadio podría incentivar inversiones vinculadas con el turismo, generando una renovación urbana que la zona necesita. El desarrollo de un perfil turístico permitiría dinamizar la actividad en el barrio, lo que (entre otras cosas) podría mejorar la seguridad en la zona. 

Debe destacarse que la zona de Boedo tiene una excelente accesibilidad por transporte público, siendo abastecida por numerosas líneas de colectivos y 2 líneas de subte. Muchos hinchas incluso llegarían caminando. Todo lo contrario a lo que ocurre con el actual estadio del club. 

No puede descartarse la oposición de algunos vecinos. Sin embargo, este tema no debe magnificarse, teniendo en cuenta que los partidos de fútbol se desarrollan cada 15 días. 

Sería importante no dar demasiado crédito a visiones anti-urbanas y no considerar al fútbol como un mal a erradicar de la ciudad: el fútbol es parte de la cultura de Buenos Aires. En cualquier caso, no parece un tema imposible de solucionar. 

Además, el regreso paulatino del club al barrio (primero con un microestadio y la ampliación de la sede) probablemente iría generando condiciones más favorables para la eventual construcción del estadio de fútbol. 

Una cuestión que surge al hablar de la vuelta de San Lorenzo a Boedo son sus implicaciones para las políticas urbanas en la zona sur de Buenos Aires. 

El debate obliga a plantearse las posibilidades que tiene un estadio de fútbol (con infraestructura deportiva complementaria) tanto para construir ciudad o enriquecer la existente como para construir sociabilidades, tanto en el entorno de Avenida La Plata como en el del Bajo Flores. Además, es necesario analizar las pérdidas y ganancias de los actores involucrados: el club y sus socios e hinchas y el resto de la sociedad, representada políticamente por las autoridades del GCBA y la Legislatura (esta clasificación es demasiado simplificada pero permite vislumbrar los conflictos subyacentes). 

He escuchado más de una declaración pública de políticos o funcionarios del GCBA manifestando que, palabras más palabras menos, si bien San Lorenzo enfrenta problemas en el Bajo Flores su presencia (la del estadio) hace que gane la ciudad como un todo. 

Se presenta así a la situación como un juego de suma cero: lo que pierde San Lorenzo lo gana el resto de la sociedad. Sin embargo, creo por el momento el juego ha sido uno de suma negativa: el club se ve perjudicado sin que el resto de la sociedad se beneficie. 

No debería verse a la vuelta del estadio de San Lorenzo a Boedo como el reconocimiento del fracaso de la urbanización del Bajo Flores, el tema es bastante más complejo que eso. 

Se trata de una institución centenaria buscando recuperar su identidad y desarrollar su máximo potencial como club social, ni mas ni menos. En cualquier caso, San Lorenzo ha hecho mucho por contribuir al desarrollo del Bajo Flores y lo seguirá haciendo. 

No parece que el estadio Pedro Bidegain haya desempeñado un rol significativo en el desarrollo del Bajo Flores y la zona no se vería demasiado afectada por su eventual desaparición, aunque sí considero que el club no puede perder su lugar en la zona y debe seguir cumpliendo su función social, lo que se lograría manteniendo la Ciudad Deportiva. 

Más aún, la Ciudad Deportiva, que quedó bastante desarticulada con la construcción del estadio, podría incrementar su espacio para la práctica de deportes, en beneficio de los socios y los vecinos de la zona. 

Por el contrario, considero que el estadio (y las instalaciones deportivas complementarias) podría tener un fuerte impacto positivo en la zona de Avenida La Plata 1700, tanto a nivel social como por la renovación urbana implicada. 

Existe un discurso permanente desde el Gobierno de la Ciudad manifestando su voluntad de priorizar a la zona sur de Buenos Aires. Sería bueno comenzar a reconocer a Boedo como parte del sur de la ciudad. 

De hecho, una forma de comenzar a resolver los problemas del sur de Buenos Aires sería reconocer sus fortalezas (la cultura, el tango) en lugar de realizar un permanente recorte mental y geográfico que vincula a la zona con sus carencias. 

Lejos de ser una cuestión abstracta, la vuelta de San Lorenzo a Boedo es un proceso que implicará como mínimo, en un futuro cercano, la construcción de un microestadio en Avenida La Plata al 1700. Y tal vez, en un futuro no tan lejano, la construcción de un estadio de fútbol en Boedo. 

En este momento, la conmemoración del último partido en el Gasómetro nos encuentra con la iniciativa "pro vuelta" de San Lorenzo a Boedo instalada en los debates internos del club y con un conocimiento bastante generalizado por parte del resto de la sociedad. En ese marco, estas reflexiones pretenden contribuir a construir una ciudad más vivible, consciente de su historia, de sus construcciones sociales y de sus riquezas culturales. Con San Lorenzo en Avenida La Plata, por supuesto. 

Editorial escrita por Marcelo Castillo el 23 de octubre de 2012

DEBOEDOVENGO 

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