08 AGO
2020
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CONTATE OTRO 2.0 (PARTE 5)


Por Carlos Balboa
Periodista. Socio 12.236. Socio Refundador 2.045

Aunque el cuarto mito revisionista no resista una comprobación mínima, todavía tiene algunos adeptos y propagadores. El amateurismo, argumentan, “dejó de contarse a fines de los 70”. Los más osados, incluso, vinculan esta “supresión de una parte de la historia” con la última Dictadura. ¿Será así? ¿”Algo habrán hecho” para silenciar la verdad histórica?

CONTATE OTRO 2.0 (PARTE 5)

Llama la atención que quienes reclaman con más énfasis revisar la historia y “contarla completa”, hagan circular un mito tan fácil de sepultar. De acuerdo con los cultores del revisionismo de nuestro fútbol, la separación de las eras amateur y profesional es una invención relativamente reciente, fruto del interés deportivo o de la pereza intelectual, al igual que la supresión del amateurismo en el conteo de títulos e historiales, y la omisión de copas irregulares extintas del palmarés de los clubes.


Los datos que conocemos desde que nacimos y que moldearon nuestro folklore futbolero a la hora de mensurar la paternidad azulgrana sobre Boca, adjudicarle un único campeonato ganado a Huracán o aludir a la “virginidad” de Gimnasia, por citar sólo algunos ejemplos pintorescos; este supuesto “recorte de la historia” nació, según los revisionistas, en una época determinada y bajo un contexto específico.


El responsable de semejante “tergiversación”, dicen ellos, tiene nombre y apellido: Pablo Ramírez. El autor de “Historia del Fútbol Profesional” comenzó a documentarse en los años ’60 para terminar reseñando en detalle lo acontecido desde el inicio del profesionalismo, en 1931, hasta la publicación del libro, en 1977. Esta fuente de datos tomada como Palabra Sagrada por los periodistas deportivos vernáculos, aducen los revisionistas, hizo que el amateurismo y ciertas competencias subalternas cayeran en el olvido y el desprestigio generalizado.


Siguiendo esta línea, la “errónea” decisión de relegar al amateurismo en las estadísticas de nuestro fútbol no obedeció a sus anomalías constitutivas, ni a la condición aficionada de sus participantes, ni a su alto grado de informalidad y precariedad competitiva, ni a la superposición de asociaciones organizadoras. No, juran los revisionistas, nada de eso. Respondió, en cambio, a la aparición de un libro, editado a fines de los años 70, que caló hondo en el aparato mediático y el acervo cultural de los futboleros argentinos.


Más osada aún es la hipótesis de que esta concepción resultaba funcional a las simpatías futboleras de ciertos referentes de la Dictadura Militar, a quienes algunos revisionistas vinculan estrechamente con River Plate e Independiente, dos clubes beneficiados por la imposición de un “recorte de la historia”. Porque al parecer no alcanza con esgrimir que la separación de eras es antojadiza, también hay que emparentarla con un genocidio.


Nada más sencillo, para derribar este mito, que cotejar los registros periodísticos previos a la publicación de “Historia del Fútbol Profesional”. Ya en 1931 se felicitaba a Boca por la obtención de su primer título profesional, en 1932 se hacía lo mismo con River y en 1933 con San Lorenzo. Los periódicos del 51 saludaban a Racing por conseguir el primer tricampeonato de la historia. Nadie recordaba las copas Aldao o Río de la Plata mientras Independiente levantaba tres Libertadores seguidas entre los años 1963 y 1965. A Estudiantes de La Plata se lo proclamaba en 1967 como el primer “equipo chico” en ganar un campeonato de Primera División. Un año después, San Lorenzo resultaba unánimemente reconocido como el primer campeón invicto. No se aclaraba que Huracán ya había obtenidos títulos antes del 73. Y, para no aburrir con más ejemplos, acotemos que las “paternidades” entre los clubes se medían puntualmente desde 1931.


El profesionalismo, en definitiva, se concebía como una instancia separada y superadora del periodo de proto-organización de nuestro fútbol desde su surgimiento mismo, mucho tiempo antes de que se editara el libro de Ramírez. Más allá de menciones aisladas, la separación de eras no estuvo en discusión durante alrededor de 80 años.


Lo que es una invención reciente, en verdad, es el revisionismo. Novedosa es su reescritura de las estadísticas. Negacionista es la desaparición del “borrón y cuenta nueva” que significó el profesionalismo. Funcional a ciertas simpatías futboleras específicas es la mirada anacrónica y sacada de contexto sobre competiciones menores.


En 1992 Jorge Iwanczuk plantó la semilla revisionista con la publicación de “Historia del Fútbol Amateur en la Argentina”, libro que en su edición original el propio autor admitía incompleto (“han faltado varios resultados; en algunos casos hemos podido deducir el ganador del mismo (o el empate) pero no así en otros. En las respectivas tablas hemos dejado en blanco los casilleros donde no podemos aportar ningún dato”, escribió). Desde entonces, se han escrito cientos y cientos de páginas que rescatan con nostalgia el amateurismo y reivindican la unificación de eras. El kiosquito editorial del revisionismo se ha vuelto cada vez más rentable.


Fue en este siglo que los arrestos individuales de autoproclamados “historiadores” de clubes como Huracán y Racing comenzaron a traducirse en los primeros esbozos concretos de reescribir el fútbol argentino. Sus tímidas proclamas empezaron a leerse en foros de páginas de estadísticas futboleras y sitios partidarios. Las burlas generalizadas no los detuvo: se pusieron en contacto, se organizaron en el CIHF, unificaron su discurso bajo el amparo ideológico de “la verdad histórica” y militaron su causa activamente para llegar a los clubes y a los medios de comunicación. Llevan años intentando, con la complicidad de alguno de los nuestros, hacer aquello de lo que acusaron a Ramírez: instaurar un nuevo canon.


Se valen, para ello, de una decena de mitos que, humildemente, aquí venimos exponiendo, analizando y derribando, a sabiendas de que podremos perder alguna batalla mediática circunstancial, pero la guerra está ganada desde un principio (y por principios). Al fin y al cabo, no se le puede mentir a todos, todo el tiempo.


Es por eso que hicimos del relato revisionista el objeto de nuestra atención y tratamos de abordarlo con la mayor seriedad posible, más allá de que por momentos nos parezca un chiste y, claro, nos resulte inevitable pensar: “contate otro”.


Continuará…

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