04 FEB
2015
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Por Pablo Jelovina
Escritor. Autor de La Pluma Más Negra. Socio Nro. 89.067
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Twitter: @10Boedo
EtiquetasEtiquetas: Azulgranarte

Innumerables ejemplos hay de que el hincha de San Lorenzo no es igual a los demás. Y uno de los motivos es que donde transitamos, dejamos siempre una huella visible propia de nuestra identidad azulgrana irrefrenable. En estos “Relatos de Verano”, se presentarán algunas historias cortas que ilustran que para nosotros San Lorenzo está presente en cualquier situación de vida. San Lorenzo… hasta en la sopa.

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Gracias. Gracias. En este decimocuarto congreso de filosofía comparativa quiero comenzar mencionando a un dramaturgo: William Shakespeare. En su gran obra, Romeo y Julieta, amor y tragedia, nos presenta un mundo repleto de filosofía en cada momento de la vida. El heroísmo literario clásico se estrella contra el humanismo de Romeo. Noventa y nueve ensayos filosóficos se han escrito sobre este tema, lo que demuestra la gran relación entre literatura y filosofía. Y este es el tema del que hoy quiero hablarles. A costa del gran esfuerzo que este sublime literato llevó adelante para hacernos entender que la visión romántica del amor se opone a la felicidad platónica de otros tiempos, hoy podemos disfrutar de una poesía y de una prosa superadoras, habiendo atravesado el umbral de un nuevo mundo literario.


Es así que, muchos años después, el filósofo germano Friedrich Kannemann barre definitivamente con la idea romántica cortando ciertas líneas de la obra de Shakespeare para lograr un novedoso análisis hermenéutico del texto. Escota, entonces, esta obra, en sesenta versos que analizará a lo largo de un año para llegar a una conclusión final: el arte y la ciencia son Romeo y Julieta. No pueden vivir separados, pero su relación imposible para el mundo es un camino directo a la muerte.


Bueno… Carlos Heber Zubieta, Ángel Rinald y Jorge Doval, loco, este último, por querer refutar los argumentos de la nueva corriente de pensamiento, son quienes disertaron en la distinguidísima Comisión Académica de Sabiduría y Literatura Americana (CASLA) y han concluido en que si bien cada disciplina posee sus propias y únicas características, las conexiones indiscutidas habilitan una fórmula nueva; fórmula que no por ser hirusta deja de ser abarcable.


Grandes mentes recorrieron estas premisas con notables conclusiones. Amar el resultado de esta fusión es lo que, por ejemplo, Rubén Darío insinúa, preso por unos días en el penal de Villa Luro, Guatemala, cuando escribe que “el porvenir es el último escollo que debe superar nuestra conciencia. La solidaridad es el verdadero fin que nos dará el ascenso a ser mejores seres humanos. Para ello combina tu amor al amor y tu amor a la sabiduría. El resultado será un canto a tu mente y a tu corazón”.


En contraposición, Olga Letto, condesa de Piamonte, sugiere en forma elegante lo que su colega y amiga Rosa de Luxemburgo terminará de rematar con un enunciado neto: “En toda sociedad de clases, la cultura intelectual (arte y ciencia) es una creación de la clase dominante”. Con posturas enfrentadas, todos están sumando, sin embargo, a la relación intrínseca entre arte y ciencia, entre Literatura y Filosofía.


Así llegamos hasta hoy, acá, al barrio de Monserrat, donde dicen que vive el mismo diablo, para retomar esta discusión e investigar la forma de acercar estos extremos. Cómo hacerlos fluir hasta fusionarlos en nuevas ciencias. Si las buscamos, Paulo, me decía en su última carta desde Brasil mi colega Espósito Matosas, con quien además de filosofía suelo compartir juegos de billar y de sapito, porque no sólo de arte y ciencia vive el hombre, si encontramos el camino hacia las nuevas ciencias, me decía, el mundo recibirá un legado incomparable del que vos, Paulo Claudio, sacarías conclusiones que yo podría transformar en poesía.


Nuestro sueño, mis queridos colegas, es el sueño de tantos otros que creyeron ver en nuestros utópicos pensamientos libertadores algo inalcanzable, y sin embargo hoy festejan junto a nosotros un logro que ya no puede detenerse. La vuelta a la unión total de las palabras y los hechos es lo que nos depositará en el barrio de la verdad.


Por eso, y para finalizar, mis queridos, sólo quiero invitarlos a este nuevo desafío de pensar diferente. El arte y la sabiduría, un músico y un doctor, unidos coloreando las paredes de la casa de nuestro manco pensamiento con aire fresco, con un nuevo paradigma. El científico y el dramaturgo en un mismo idioma, el urso y el chaparro, unidos ante este ciclón de pensamientos. Somos alma y carne, y nadie puede distinguir los límites. Somos extremos. Somos mezcla de San Agustín y Lorenzo de Médici. Somos santos y lorenzos, señores. Y eso nos llena de orgullo.


(Transcripción del discurso de Paulo Claudio Biaggio, filósofo y delantero central, en el decimocuarto congreso de filosofía comparativa y goles de cabeza).

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