28 MAY
2016
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DE BANDERA LA ILUSIÓN


Por TactiCuervo
Porque todos somos técnicos

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La histórica goleada a Boca en la Supercopa. La triste eliminación en la Libertadores. Un mal arranque en el torneo que se enderezó con una racha impresionante. Hasta aquí llegamos, a la gran final, mereciéndolo, por fútbol e inteligencia, sabiendo cambiar a tiempo. En un Mudomental colmado por los miles de cuervos que representarán a los millones que quedaron afuera, sólo se trata de ganar. Ganar o ganar. VAMOS CICLÓN!!!

DE BANDERA LA ILUSIÓN

No fue el mejor arranque. Guede no había terminado de desembarcar en Boedo y ya sumaba derrotas y tibios empates contra rivales históricos en una mala pretemporada. Si bien sabíamos que lo menos importante eran los resultados, algunos errores conceptuales graves en el retroceso del equipo durante los ensayos de verano, el aura del recuerdo del Patón y la goleada sufrida contra Hurac*n pusieron un asterisco en la continuidad del DT. Insólito, dado que no tenía ni un partido oficial al mando del equipo. Pero real.


 Algunos dicen que no hay mal que por bien no venga. Abonando a esta teoría, lo cierto es que la humillante caída contra el accidente geográfico que tenemos por vecino terminó obligando a la dirigencia a una inversión en jugadores que no estaba en sus planes. Guede llegó dentro de un proyecto que implicaba limpieza de jugadores y promoción de juveniles. Pero la señal de alerta que recibimos en Mar del Plata motivó la decisión de resguardar algunas piezas claves del plantel y poner la moneda en Cerutti y Belluschi. Paradojas del destino, fueron estos jugadores las piezas claves con que el técnico aseguró su puesto en la histórica y brillante goleada 4 a 0 sobre Boca para alzarnos con la SuperCopa. El Ciclón había arrancado el año con el pie izquierdo pero Córdoba rápidamente nos impulsó a creer en que se iba a empezar a caminar derecho.


Pero llegó el tiempo de la incertidumbre. Cuando parecía que habíamos “encontrado el equipo” pasarían dos meses para que el técnico volviera a poner el mismo 11 que paseó a los bosteros. Partido a partido cambiaron las piezas y los esquemas. Cuatro en el fondo, tres en el fondo. Un delantero, dos delanteros; hasta tres delanteros. Doble cinco o único cinco. Ortigoza de volante tapón; Ortigoza de armador. Barrientos, Romagnoli, Kalinski, Matos; de titulares a suplentes. Mercier, borrado. Paulo Díaz central o volante. Cerutti de wing, luego de 8, luego de wing y un día, siendo el mejor de la cancha, saliendo en el entretiempo con Toluca. En el medio se cayó dolorosamente contra Arsenal de Sarandí y se cosecharon empates con sabor a derrota con Gimnasia y Hurac*n para irnos alejando de la pelea en la Zona 1. Y para terminar de profundizar un panorama complejo, nos fuimos eliminados de la Libertadores sin ganar un partido, humillados de local y visitante, en lo que fue el peor papel de San Lorenzo en una primera ronda de la Copa. Hasta que llegó Quilmes.


Algunos dicen que no hay mal que por bien no venga. Abonando a esta teoría, la goleada 0-3 que nos comimos contra el equipo del Sur fue el click necesario para reacomodar las cosas. El oportuno parate por fecha FIFA se aprovechó de la mejor manera. Por aquellos días desde esta columna planteamos que la contradicción entre los deseos tácticos del DT y lo que se veía en cancha debía solucionarse de manera madura. Era cuestión de que las partes cedieran para comprender las necesidades del otro y mancomunar los esfuerzos bajo un norte compartido. Un norte futbolístico, aclaramos, ya que nunca dudamos sobre la integridad del plantel. Mientras algunos decían que a Guede le estaban haciendo una cama, nosotros le pusimos la firma a que eso era mentira, como también era mentira que el DT pensaba renunciar. El problema nunca fue de esfuerzos; siempre fue de convicciones. Y las cosas se acomodaron.


Desde Quilmes hasta Banfield, el Ciclón debió jugar 8 finales sin margen de error. Y cada final tuvo un significado simbólico distinto. Contra Belgrano había que demostrar que el mal trago cervecero se había asimilado. Contra Godoy Cruz  se debía acortar la distancia contra el puntero mendocino. A Central sólo servía ganarle para agarrar la punta de la Zona 1. Contra Hurac*n sólo se podía sumar de a tres para revalidar la racha positiva y cuidar lo conseguido. Luego Independiente en Avellaneda llegó como el partido necesario para sacar chapa de candidatos, por primera vez en el torneo. La gran victoria contra River fue la confirmación, para propios y extraños, de que se iba a pelear hasta el final. Colón fue, tal cual dijimos en la previa, el partido más difícil, ya que por primera vez el Ciclón se enfrentaba a sus propios miedos. Y finalmente Banfield, sin la obligación de ganar, sólo con la necesidad de sumar más que Godoy Cruz, llegó con el golpe de suerte necesario para darle una caricia al esfuerzo que nos llevó a sumar 7 victorias al hilo, contra rivales de fuste, siempre mereciendo lo que en definitiva se fue consiguiendo.


Y el hermoso sprint final que metió San Lorenzo  no fue casualidad. Mucho menos magia. Mediaron la sensatez y la inteligencia. Se cambió, y mucho.


La idea del DT no se resignó; San Lorenzo salió a ganar en todas las canchas contra cualquiera que se pusiera en frente. Se planteó cada partido dándole prioridad a potenciar el fútbol que puede desplegar este equipo, sin adaptar las estrategias al rival de turno. Pero también se vieron los primeros indicios de que los “vicios bauzistas” con que el plantel se siente cómodo fueron confluyendo con la visión del fútbol de Guede. Así entonces volvieron a aparecer los partidos dentro de los partidos, que se jugaban de distinta manera según el resultado. Se ganó en equilibrio y solidez defensiva. Las victorias que antes se intentaban cerrar con volantes ofensivos y delanteros se empezaron a asegurar con triple cinco. La línea de fondo comenzó a recitarse de memoria y fue la amnistía que recibió Mercier el eje de la refundación del equipo. Con el Pichi como volante tapón definido se reestructuró a San Lorenzo en función del doble cinco con Ortigoza que tantas alegrías nos trajo. Blanquito de a poco fue ganándole la pulseada al invento de Cauteruccio como carrilero por izquierda y por el otro sector se terminó de conformar la línea de 4 volantes, primero con Cerutti y hoy en día con Belluschi. A fuerza de goles Blandi se convirtió en el faro del Ciclón, y a su alrededor supieron rotar Belluschi, Blanquito y Barrientos, hasta que finalmente el Pocho de wing terminó siendo su partenaire habitual.  Hoy el Ciclón juega con un clásico 4-4-2, como en las mejores épocas del ciclo Bauza, atacando con criterio, defendiendo con inteligencia, desdoblando el trabajo de los volantes que suben pero también bajan y liberando a los laterales que pasan juntos o por separado según las necesidades. Sencillo y práctico.


Merecemos estar donde estamos. Nuestro presente se explica en términos futbolísticos. Acá no hubo ayudines, ni billeteras ni escritorios. No mandamos a Ham a buscar laburo ni tuvimos un Ceballo allanándonos el camino. Por eso, a los mercenarios del micrófono que buscan ensuciar al Ciclón por la disputa de poder personal que encarna Tinelli, hay que responderles hablándoles de fútbol, y recordándoles que este equipo estuvo al borde del fracaso en este torneo varias veces, y sin embargo se repuso con huevos y fútbol.  San Lorenzo fue superior a todos los que le disputaron el liderazgo de la Zona 1.  Es mérito de los jugadores y de Guede, que con el correr del semestre se fueron haciendo cargo una y otra vez de los problemas que ellos mismos se generaron. La necesidad de no fallar es la que nos trajo hasta acá. La mejor versión del equipo se vio cuando estuvimos contra la espada y la pared, sin poder darnos el lujo de un tropezón circunstancial. Lanús es un buen equipo, pero contra ellos, tampoco podemos fallar. Es el juego que le gusta a este San Lorenzo; es donde más fuerte se sintió. Esperemos que una vez más puedan sacar pecho e imponerse con autoridad, para alegría de toda nuestra gente.


La fe, sobra. Porque como dijimos varias veces, en San Lorenzo se cree, siempre.


VAMOS CICLÓN, UN PASITO MÁS!!!

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