20 SEP
2016
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EXORCISMO EN ROMA


Por El Veedor
Auditor de árbitros. Detractor del siga siga y enemigo del todo pasa. Espía en AFA.

Twitter: @VeedorAzulgrana
EtiquetasEtiquetas: Veedor

Algo cambió luego de la visita al Papa: San Lorenzo se echó tres sin sacarina y algunos jugadores levantaron notablemente el nivel. Entre ellos, el renacer del Hobbit Blanco no es casual. Por lo bajo se habla de una sanación, pero aquí está la verdadera historia del nuevo héroe de Boedo. El Veedor nos acerca testimonios exclusivos del mago Gandalf y de Bilbo Bolsón, viejo Patriarca de La Comarca.&l

EXORCISMO EN ROMA

El sol sale temprano, no hay nubes en la Comarca Bolsón. Quedaron atrás los días oscuros. El viejo Bilbo fuma su pipa sentado a la entrada de su hongo, compartiendo su humo con el mago Gandalf y conmigo. Las mujeres van y vienen con sus quehaceres matinales, Frodo quemó el anillo en el fuego de Mordor y se fue a vivir a Hollywood con Aragorn, el montaraz, capo del Señor de Los Anillos, que es cuervazo como nosotros. Desde entonces, el Ojo de Saurón no es una amenaza para la Tierra Media. De hecho, el futuro es prometedor. Pero hoy es domingo y Little White se levanta más tarde que el resto, abre la ventana de su tronco y sonríe. Un grupo de gorriones forma un corazón en pleno vuelo, sobre ellos se impone un lumínico arco iris, nuestro héroe guiña un ojo, tira un beso y lo clava en el ángulo. Le salen todas. Está endiablado...


“¡No!, todo lo contrario, Veedor...”, me corrige Gandalf, que antes era llamado El Gris por vivir a espaldas de la Tierra Santa, sobre la triste y errante Avenida Caseros. “Ya no está endiablado, ahora está santificado...” completó el venerado hechicero, hoy con domicilio en Boedo. “En la última visita a Roma, el Papa llamó a su exorcista más calificado imponiéndole su mayor desafío; sanar a Little White”. Según Gandalf, enorme fue el júbilo de Francisco cuando le confirmaron que el famoso Gabrielle Amorth en persona se haría cargo de luchar contra Legión. “La batalla fue cruenta” agregó mientras dibujaba el rostro de Mr. Presidente con el humo de la pipa. “Duró dieciocho sesiones, una por cada mes que estuvo al pedo en el Ciclón, donde se consumieron más de cuarenta litros de agua bendita, treinta cirios pascuales y un cuarto kilo de hostias consagradas.” Impresionante pensé, aunque sin saber dimensionar a ciencia cierta de qué carajo me estaba hablando ya que no es un rubro que maneje demasiado.


“El Papa le pidió el anillo... y a cambio le prometió la sanación definitiva” concluyó Bilbo, que no es de hablar mucho luego de todo lo que vivió en la Tierra Media, pero cuando abre la boca es contundente. “¿Pero el anillo fue destruido, ¿verdad?”, pregunté algo confundido por la cuarta pasada de pipa... El que me respondió fue Gandalf, “sí... ese anillo fue destruido, pero desde entonces nació una confusa tradición en la Comarca, la de entregar simbólicamente el anillo de cuero y que otro te lo haga arder” ... Se me dificultaba entender de qué estábamos hablando, pero sí, la tradición era evidentemente confusa, aunque a priori efectiva.


Continuó Gandalf con la historia. Parece que, tras la ceremonia de entrega del anillo, Little White se sometió valientemente a los diferentes procesos de sanación. Las primeras sesiones fueron intensas. El pequeño Hobbit pasó horas rezongando, hablando de costadito, pecheando a la Guardia Suiza, ingresó al vaticano blasfemando, se tropezó con la alfombra roja y escupió varias veces al exorcista, reclamó foules inexistentes con gestos ampulosos, invitando a pelear a un par de monaguillos que no entendían nada. Entre una sesión y otra lo dejaban descansar. Hasta que un momento, indagado por el exorcista, el demonio habló:


-¡¿Cómo es tu nombre asqueroso y despreciable ser?!


-Lit..Little… Little White...


-Le hablo al demonio!!! ¡¡¡Di tu nombre demonio!!!


-Ah... Somos muchos... somos Legión...


-Son muchos, qué cagada...


Las horas y las sesiones se iban sucediendo, al comienzo era raro, cuenta Gandalf, ver a un sacerdote hablando con Little White... y que responda una voz demoníaca. Pero luego la escena fue cada vez más natural... 


-Maldita Legión... ¡¡¡deja ese cuerpo en paz!!...


-No!!!.


-Deja a ese pequeño Hobbit gambetear rivales como en Lanús, que termine una jugada bien, que se equivoque y ¡¡¡meta un gol!!!!...


- ¡¡¡TE DIJE QUE NO!!!...


-¡¡Te lo ruego en nombre de Dios!!


-¡¡¡Arrrrg  AAAAARGGGG!!! ¡¡¡no lo nombres.!!!


“La cosa iba de mal en peor, pero tuvimos más culo que el Boca de Bianchi” acota Bilbo escuetamente, obligando a Gandalf a que continúe el relato... “tuvimos suerte porque estaba poseído por unos demonios medio pelotudos, cuando los expulsó, quisieron escapar en micro pero se la dieron contra una montaña, dieron mucha vergüenza ajena...”. Si así se manifiestan los demonios, el infierno debe ser un rejunte de retrasados pensé.


Cerrando la historia a medida que quedaba poco para quemar, el Hechicero me dijo que en un momento Francisco se cansó, manoteó un crucifico, se calzó una bufanda azulgrana y se levantó la sotana. Le mostró al pobre Hobbit sus canosas bolas papales y le dijo claramente en latín, Haec pila Laurentii verecundiam, osculare, aegrum animum et sanat  Caritas Sancti Laurentii Sanfilippo San testa avia mihi facere vetus ... " (Estas son las bolas de Lorenzo, respétalas... ¡¡¡cura tu alma enferma!!!. Por el amor de San Lorenzo, de Sanfilippo y de la San concha de tu abuela, ¡¡¡que tengo cosas que hacer enano de mierda!!!...") 


Inmediatamente el Hobbit levitó medio metro, su cuerpo entró en convulsión, vomitó una remera del gloBo, puso cara de Altamira, se le abrieron los ojos mirando al cielo y mientras una luz blanca le penetraba el rostro las piernas se le destrabaron. ¡¡¡¡MILAGRO!!!! Exclamó Francisco, al tiempo que el petiso cayó desplomado al sueldo dejando salir un tremendo olor a mierda y azufre por el culo.


- ¿Cómo es tu nombre?


- Sebastián…


- Sebastián ¿qué?, indagó el Papa.


-Sebastián Blanco. Blanco. Sebastián Blanco.


Bienvenido hijo de Dios, ya todo pasó.”, agregó Francisco. “Tu nombre es Sebastián Blanco. No Blanquito. Ni Little White. Ni hijo-de-puta-terminá-una-bien. Sos Sebastián Blanco. Recuérdalo siempre. En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo”


Agotado, el Cuervo Supremo acotó: “Ahora lo dejan tranquilo. Van a ver que de a poco va a ir mejorando...”.


Creer o reventar, tras el viaje a Roma, Little White se puso la camiseta de Sebastián Blanco. Fue el jugador que todos queremos ver en San Lorenzo. Gambeteador, vertical, desequilibrante y con una pegada sutil para poner la pelota en la cabeza de un compañero. Y sin tribunear. Hoy por hoy, junto con Mussis, el volante es prácticamente el mejor refuerzo azulgrana de este libro de pases (méritos también para el señor Aguirre, estamos de acuerdo). Pero, así como a Blandi le tomó más de 20 goles borrar la pálida imagen que dejó ni bien llegó a Boedo, lo de Blanco recién empieza, aún queda mucho por reparar. Yo le tengo fe. Si, al fin y al cabo, esto es cuestión de Fe. Jugando así es un pequeño Guillermo ilustrado, le habla al árbitro, lo vuelve loco, pero también juega y vuelve loco al rival. Cuando esto no sucede, el fastidio se lo devora y nos perdemos su mejor versión.


La confirmación de que el laburito que hicieron en el Vaticano está dando sus frutos llegó este sábado cuando enfrentamos a la Comarca del Oeste. Un grupito pequeño que supo estar de moda, pero como ya sabemos, las modas son pasajeras. Ni en sus mejores momentos pudieron sentarse en la mesa de San Lorenzo. A su abuelo lo mandamos a la B, a su padre le copamos el barrio y a su hijo le dimos la vuelta en la cara. Toda una vida mamando de la Azulgrana, mientras nos demandan la atención que hace existir a los tres tristes trolos de Parque Poquitos. Claro, no es un clásico, eso nosotros lo tenemos claro, pero igual sirve, porque hoy les toca pelear el descenso, hoy les toca ver el fútbol desde abajo, hoy luchan por otra cosa... estuvieron dos décadas cogiéndose a un trava pensando que era una mina, riéndose de todos... y hoy el trava le mostró la sorpresita y les dice “ahora date vuelta vos” ... Y les va a doler.


En la Comarca perdimos la mañana con el relato de Gandalf sobre la sanación de Little White. La pipa de Bilbo ya está vacía. El Hechicero me hace señas para que repare en que el viejo Hobbit se quedó dormido y me insinúa un hambre incipiente. Pintó el bajón. Pateamos hacia un parador a mitad de camino entre Tierra Media y Buenos Aires. Pedimos unos Patys con queso y aparecieron dos enanas con los pezones bañados en mozzarella. Rehicimos el pedido y mientras esperábamos su entrega vimos al más bello de los Elfos, Legolas, con su arco y flecha, sentado junto a Matigolas y Marcegolas, el líder de los Altos Elfos del bosque. Estaban conversando con su grupo de mucamos humanos sobre la conveniencia de anunciar un acuerdo más adelante, cuando hubiera elecciones élficas.  No sé terminaba de escuchar, pero parecían estar todos muy de acuerdo.  Los saludamos, Matigolas quiso acercarse, pero el grupo de humanos se lo impidió. Raro, pensé, un líder luminoso tan limitado por un grupo de crotos. Pero enseguida se acercó el carismático, Marcegolas. Le di la mano en tono de amistad y sentí como mi brazo se enfriaba tomando un pálido color dorado. Ante mi temor expuesto, Legolas me tranquilizó, “todo lo que toca se convierte en oro...” y agregó señalando una foto de Lanchita Bisio en la pared... “te agarra a un tesorero de Di Meglio y te lo convierte en el mejor presidente de la historia del Club”. Mi sorpresa era tremenda, tanto que no pude contenerme y solté, “¿no querrá tocarme el bulto?” y al toque “uy... me imagino la entrepierna de Guillermina... jodido, eh...” y antes de que vuelva a hablar, Gandalf me hizo callar.


Con un pase mágico curó mi brazo y nos sentamos a la mesa. Hablamos de todo un poco. Del estatuto de la Comarca, de lo mal que funcionan últimamente las imprentas en la Tierra Media... hablamos de Vigo, y de su mujer, la Viga. Y ya sobre el cierre del encuentro, Matígolas me dijo con buena onda y cierta ironía... “che... decí que te sentaste en la misma mesa que nosotros... siempre diciendo que no te recibimos...”, a lo que solo pude responder con una risa irónica por no decir un par de verdades incómodas.


Por suerte (y eso que yo no creo en la suerte) pasó Gollum que a los gritos repetía siempre la misma pelotudez de “mi tesogo, mi tesogo...” (no recordaba que tuviera un problema con las “erres”... pero claro, yo leí el libro de Tolkien y en persona es otra cosa). Gollum olía a pedos, se nota que vivió toda una vida exiliado del baño, torpemente cargaba una bolsa de libros a la venta con historias anacrónicas de batallas épicas de dudosa existencia... pero al menos su aparición me sacó del embarazoso momento. Le pedí un ejemplar autografiado de su bestseller “Anillo único: el Factor de Poder que nunca tuvimos”. Pero como no le quedaban le terminé comprando su último trabajo, “1907: Así fundé San Lorenzo”. Como no tenía plata de la Comarca le pregunté si me aceptaba pesos criollos, pero Gollum se me re cagó de la risa en la cara. Cuando pudo recobrar el aliento me explicó que esa moneda no era digna de respeto en la Tierra Media. Pero allí estaba el Líder, otra vez, para salvarme el pellejo, juntando unas miguitas de pan que estaban sobre la mesa, las rozó con su dedo índice convirtiéndolas en brillantes pepitas de oro para pagarle a Gollum: “Tomá Gol, aceptá estas migajas de oro y date por contento”. El hobbit despechado se fue a su cueva mientras el líder levantó la voz y señaló a un grupo de Throlls que post guerra oscura rehicieron su vida como periodistas, “vayan y cuenten que muy pronto habrá, otra vez, un solo anillo para besar”. El hobbit mal vestido y de olor rancio se fue corriendo y el grupo de Throlls sacaron sus celulares y comenzaron a twittear las palabras de Marcegolas para que todos se enteren los dichos del Ser Supremo.


Terminamos la comida, Gandalf me hizo un gesto y volvimos la Comarca. No pudimos despedirnos de los Elfos, pero obvio, poco les importó. Una vez entre los Hobbits, despertamos a Bilbo para saludarlo, pero el viejo estaba medio somnoliento y confundido por la siesta, “¿fue penal?” preguntó con los ojos vidriosos... “¿De qué habla?” dije yo, tan confundido como él... El mago respondió por mí, “sí... fue penal Bilbo, Blandi queda solo para definir y lo toman de arriba. Y también debió expulsar a Grillo, por doble amonestación...”. Entonces entendí que Bilbo hablaba de Herrera, el árbitro del sábado. Que no dirigió bien, que debió limitar a Vélez con alguna tarjeta más y que debió sancionar al menos dos penales a favor de San Lorenzo... “quédese tranquilo Bilbo, que el equipo está focalizado y con Marcégolas en modo pasivo en su lucha política, no hay Herrera que valga...”.


No quise rosquearla mucho con el viejo. Para él esta es la mejor dirigencia de la historia. Yo trato de no meterme en estos temas, me hace mucho ruido hablar de “la mejor dirigencia de la historia” cuando somos contemporáneos al River Desk de Rodolfo D´Onofrio, un tipo que nunca antepuso un interés personal, empresarial o político, por sobre los destinos de su Club, y con un hambre de gloria que lo llevó a ganar todo, caminando La Bombonera. “Son puntos de vista...” me susurró Gandalf en tono conciliador, leyendo mi mente, dando a entender que no valía la pena discutir con un Hobbit. Nos reímos un rato, brindamos por un nuevo encuentro, brindamos por la recuperación de Little White y finalmente brindamos por mi partida. Me preguntaron si tenía con qué irme, Gandalf me señaló que hace un par de semanas la Comarca cuenta con una nueva estación de Metrobus, pero yo le hice saber que había ido en Gordo Ventilador, así que no hacía falta que se preocuparan por mí. Pegué un chiflido a lo Llanero Solitario, me agarré fuerte de sus tobillos y al grito de “hay una cosa que nunca van a entendeeeeeeer...” el Gordo comenzó a agitar sus aspas y la Comarca de a poco se fue haciendo más y más pequeña, mientras nosotros subíamos con rumbo a Boedo.


NOTA DEL VEEDOR: Lamenté mucho enterarme este viernes del deceso de Gabrielle Amorth, incansable libertador de almas en esta batalla entre el bien y el mal. A los noventa y un años, su último trabajo fue por pedido del Papa y para sanar a nuestro querido hobbit Little White. Su lucha contra Legión fue tan feroz que el exorcismo lo tuvo que terminar Francisco, pero aún así, su salud quedó pendiendo de un hilo. No pudo ver la actuación estelar de Sebastián Blanco, pero eso no es un gran problema, seguramente entre Soriano y algún padre o abuelo le estarán contando las novedades, y por supuesto, ofreciéndole gratitud eterna.


NOTA DEL VEEDOR 2: El filtro interno de DeBoedoVengo me impidió publicar mi informe de San Lorenzo 4 – 1 Banfield. Aunque no lo crean, hay veces que no me dejan decir las cosas que quiero decir. Por eso, en esta ocasión decidí contar un cuento para ese niño que todos llevamos adentro. 

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