09 ENE
2015
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LA SUBJETIVIDAD DE LA HISTORIA


Por Pablo Jelovina
Escritor. Autor de La Pluma Más Negra. Socio Nro. 89.067
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Twitter: @10Boedo
EtiquetasEtiquetas: Azulgranarte

Innumerables ejemplos hay de que el hincha de San Lorenzo no es igual a los demás. Y uno de los motivos es que donde transitamos, dejamos siempre una huella visible propia de nuestra identidad azulgrana irrefrenable. En estos “Relatos de Verano”, se presentarán algunas historias cortas que ilustran que para nosotros San Lorenzo está presente en cualquier situación de vida. San Lorenzo… hasta en la sopa.

LA SUBJETIVIDAD DE LA HISTORIA

Garrido… ¡uno! El profesor hizo una pausa para mirarlo fijo a los ojos y prosiguió su lista de notas. Garrido reaccionó indignado, moviendo la cabeza de un lado al otro sin entender la decisión del profesor de notificarlo con tal aplazo. “Pero si yo hice todo, contesté todo”, balbuceaba el incrédulo alumno. Al terminar el listado, el profesor dejó ir al curso, pero detuvo al joven castigándolo con el fin de escuchar su sermón. Cuando quedaron solos en el aula sentenció: “La historia es la base de la vida humana, Garrido. La va a entender aunque sea lo último que haga, ¿me entendió? Repita conmigo: voy a entender la historia como que me llamo Lorenzo Garrido. ¡Repita!”. El joven retrucó asegurando que para él su evaluación era impecable. El profesor, enérgico, tomó las hojas de su prueba y comenzó. “Escúcheme. La pregunta era simple: defina los acontecimientos más importantes de Argentina entre las décadas del 40 y del 60. Usted podría haber hablado del Peronismo, de los gobiernos de facto, de las presidencias de Illia, Onganía, Lanusse, del Cordobazo. ¿Quiere que lea lo que puso?” El joven alumno seguía atento la explicación de su profesor. “Lo suyo no tiene desperdicio Garrido. Leo lo que puso: ‘Durante el período citado hubo dos acontecimientos de gran trascendencia. En el año 1964, durante el gobierno de Illia nació la formación sanlorencista denominada Los Carasucias. Se los llamó de esta manera debido a que eran jóvenes surgidos de las inferiores y poseían tanta rebeldía y desfachatez como habilidad para hacer del fútbol un arte. En este equipo se destacaron grandes figuras como el Loco Doval, el Nano Areán, el Manco Casa, la Oveja Telch, y el genial BambinoVeira. A pesar de no haber conseguido ningún título este equipo quedó en la historia gracias al despliegue futbolístico más lírico que jamás se haya visto.’”


Garrido seguía el relato convencido de la respuesta, asintiendo permanentemente con su cabeza, orgulloso de cada palabra que llegaba a sus oídos. El profesor iba subiendo el tono de su lectura a medida que crecía su nivel de indignación. Luego de una pequeña pausa, prosiguió: “Para el año 1968 el presidente era Onganía. Con las llegadas del Toti Veglio, el Sapito Villar, Miguel Tojo, el lobo Fischer, y Victorio Cocco, entre otros, la escuadra azulgrana que solo parecía saber divertirse en la cancha pasó a tener además una efectividad aplanadora. Consiguió el campeonato Metropolitano de 1968 de manera invicta con 16 victorias sobre un total de 24 partidos, sometiendo a todos sus rivales al poderío magistral de uno de los mejores equipos de la historia argentina.” El profesor, al final la última palabra, arrojó los papeles al tacho de basura y comenzó a caminar de una punta a la otra con los brazos tomados en la espalda y su cabeza erguida. Lorenzo Garrido lo seguía con la mirada, apenado, pero aún sin entender cuál era el error. De pronto, la indignación del profesor subió por sus venas coloreando su rostro de un rojo extremo hasta que estalló en un último discurso correctivo: “¡La historia es mucho más que fútbol, Garrido! ¡La historia lo es todo! ¡Es lo que nos convirtió en lo que somos! Y usted me viene a hablar de Carasucias y Matadores.” “Pero profesor, usted siempre nos dijo que la historia la cuentan los que ganan, que es subjetiva. ¿Por qué no puedo contar la historia como a mí me parece? Si no estoy mintiendo en nada de lo que afirmo.” El profesor se sentó. Estuvo un par de minutos en silencio. Tomó de su pupitre un libro cuyo título era Los hechos más determinantes de la Historia Argentina. Esta vez lo miró con desdén y lo guardó en el cajón más bajo de su escritorio casi con odio. La contestación de aquel alumno parecía haber revuelto algunos mares inquietos de su alma. Finalmente, contestó: “Puede que tenga razón, pero ¿sabe lo que pasa, Garrido? Que usted habla sin saber. ¡Qué Carasucias, ni Matadores! Usted debería haber hablado de la generación de oro, con Farro, Pontoni y Martino. Con Ángel Zubieta, ¡con De La Mata! –se apresuró a tomar los papeles arrojados en la basura –Usted me habla de “el mejor equipo de la historia”, “el despliegue futbolístico más lírico”, dígame por qué no nombró a este equipo que fue el mejor de todos los tiempos ¿eh?, que enamoraron Europa, dando cátedra a españoles y portugueses que lloraban de emoción viéndolos jugar, ¿me entiende? Llo-ra-ban. No se lo puedo dejar pasar, Garrido. ¡Qué Carasucias, ni Matadores! ¿Sabe qué? El 1 lo tiene bien puesto. Y para la próxima, pobre de usted si dice que alguno fue mejor que ese equipo del 46. ¡Pobre de usted, le hago llevar la materia!”.

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