04 DIC
2013
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NO ES ÚNICAMENTE UN JUEGO


Por Carlos Balboa
Periodista. Socio 12.236. Socio Refundador 2.045

Un partido de hace tiempo y del otro lado del océano, una novela atravesada por ese match, una película basada en ella. Excusas para hablar de San Lorenzo, ¿de qué otra cosa si no?, a menos de dos semanas de la definición del Inicial 2013, en busca de una alegría que va mucho más allá de lo deportivo.

NO ES ÚNICAMENTE UN JUEGO

Salvando las distancias, que son muchas, la definición del campeonato me hace evocar a “Fiebre en las Gradas” (“Fever Pitch”), una recomendable película británica de 1997 (ignoremos olímpicamente la remake norteamericana de 2005), basada en la novela homónima de Nick Hornby.  

Corría 1989, el año de la caída del Muro de Berlín y la Cortina de Hierro. En Gran Bretaña, todavía era primera ministra Margaret Thatcher, The Cure lanzaba ‘Disintegration’ y Peter Greenaway estrenaba ‘The Cook, The Thief, His Wife & Her Lover’. Pero a los hinchas del Arsenal Football Club solo les importaba una cosa: su equipo tenía grandes posibilidades de ganar la Liga por primera vez desde 1971.

Interminables se habían hecho esos 18 años de espera y frustración para los “Gunners”, que lideraban el certamen a dos jornadas del final. Las expectativas y la ansiedad iban in crescendo, al compás de los triunfos. Pero una derrota impensada frente al Derby County provocó que la punta quedara en manos del Liverpool, equipo al que -por los caprichos del fixture- el Arsenal debía visitar en la última fecha. Para salir campeón tan sólo le quedaba una opción: ganarle por dos goles o más. Sólo así lo igualaría en puntos, lo igualaría también en diferencia de gol y se quedaría con el título por mayor cantidad de goles a favor. En su cancha y en su cara.

Más allá de los flashbacks, el epicentro de "Fiebre en las Gradas", a mi criterio, pasa por esas semanas de definición, en las que el protagonista -que acaba de enterarse de que va a ser padre y tiene que lidiar con una posible mudanza, una decepción laboral y una crisis de pareja- sólo tiene la mente puesta en San Lorenzo. Perdón, quise decir en el Arsenal.

Hay un diálogo, en particular, que grafica a la perfección cómo nos sentimos en esta parte del mundo, los de la pasión azulgrana, hace días nomás, después del 0-0 ante Estudiantes, cuando todo estaba listo para una fiesta que no fue (como en Catamarca, otra efeméride-puñal). “Sólo es un juego”, intenta consolar al protagonista su novia, consumada la citada caída ante el Derby. La réplica es memorable: “¡No digas eso! ¡Eso es lo peor, lo más estúpido que alguien puede decir! Es evidente que no es únicamente un juego. Si lo fuese, ¿crees que me importaría tanto?”.

Es cierto, no hace 18 años que San Lorenzo ansía dar la vuelta, tal como aquel Arsenal de la Football League 88/89 (aún no existía la Premier). En el ’95, por caso, el escenario era mucho más parecido. Pero en el lapso que transcurrió entre la coronación de 2007 hasta nuestros días, el pueblo sanlorencista vivenció penurias de esas que calan hondo (la entrega de la Copa 2008, el Triangular Pompilio, la vergüenza de 2009, la debacle institucional, el descenso directo a medio paso, la sufrida Promoción), heridas al alma que hay que expiar con una alegría impostergable.

El 15 de diciembre no hará falta ganar por dos goles, marcando el segundo en los últimos minutos, como hizo el Arsenal en Liverpool. Alcanzará con imponerse por la mínima diferencia. Inclusive puede alcanzar con el empate. Pero si no se da, que mejor ni pensarlo, dame un poco de épica, San Lorenzo. Que nos roben descaradamente, que se nos lesione medio equipo, que los acorralemos a puro huevo hasta el pitazo final. Que no se nos vaya la vida lamentando la falta de espíritu para pelear por lo que pudimos haber tenido.

Venimos de sufrir demasiado, San Lorenzo. Merecemos el título. Lo necesitamos. Y si no hay gloria, que al menos haya dignidad. Pero tratemos por todos los medios de que haya gloria. Porque, pase lo que pase, para bien o para mal, este será uno de esos partidos que quedarán en la memoria, que dejarán huella en nuestras vidas.

Porque hay mucho más que una estrella en danza. Y porque, es evidente, esto no es únicamente un juego.

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