20 ABR
2014
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"NO SE PUEDE VOLVER ADONDE YA ESTÁS"


Si te parece lógico festejar un gol en bolas, abrazando a la tele; reconciliarte en sueños con el DT que te plantó para irse a España o explicarle a un jurado de literatos alemanes que en verdad tu patria se circunscribe al barrio de Boedo (al que nunca vas a volver, porque en verdad nunca te fuiste), entonces está bien, podés leer la segunda y última parte de la entrevista a Fabián Casas.



Ya nos había hablado de la platea de niños del Gasómetro, del momentáneo desinterés motorizado por Kant y Marx, de su idolatría absoluta por la Chancha Rinaldi, de la esquina del logro colectivo, de la hermandad cuerva con Viggo, de la Libertadores por siempre inalcanzable. Pero Fabián Casas todavía no nos había dicho todo, todavía quedaban cosas importantes por decir.


Decías, Fabián, que no te morís por la Libertadores


Te soy sincero, a mí -más que nada- me encanta ganarle a Boca y a River. Crecí bajo la paternidad riverplatense y le tenía mucho miedo a River. Se lo tuve hasta el 8M: ahí dimos vuelta la historia, como en la serie “Lost”, cuando el tipo mueve la isla y cambia todo el paradigma. Eso hizo Bergessio. Me acuerdo de ése, como uno de los días más inolvidables que me dio el fútbol. Me produce mucha emoción recordarlo, porque desde la mañana estuve tomando tranquilizantes para ir a trabajar. Desde que me levanté era un día malo porque jugábamos con River. Y terminó siendo un partido que pareció producido por un guionista. Lo dimos vuelta con dos jugadores menos, cuando yo creía que estábamos cocinados. La gente de River sabe que ése fue un punto de inflexión en la historia de su club. No es casual que después de eso River se fue a la “B”.


Lástima la forma en que se jugó hace poquito en el Gallinero…


Mirá, Bauza me resulta agradable, me gustan los técnicos de bajo perfil, que se miden al hablar, pero no comparto su vocación defensiva. Es un buen entrenador, puede hacer que ganemos la Libertadores o el campeonato, pero me gustan más los DTs ofensivos.


Yo le decía el otro día a Mortensen, en nuestra página Sobrevuelos Cuervos (http://www.sobrevueloscuervos.com/), que él convenció a los jugadores de que contra Botafogo, en Brasil, teníamos que jugar con tres mediocampistas de marca, que no había que atacar, sino cortar. No entiendo por qué hay que convencer a alguien de eso, en lugar de que hay que ganar en cualquier cancha. Sobre todo porque íbamos a enfrentar a un equipo “medio pelo” total, y eso se vio en el partido. Y tampoco hay explicación, para mí, para jugarle como le jugamos a un River al que le habíamos perdido el miedo. Fue muy retro eso.


A mí me produjeron una alegría infinita los clásicos que ganamos con Pizzi. No los ganamos 1-0 con un gol de espalda, de casualidad, sino con una gran autoridad. Es cierto que contra Boca ganamos por un gol y podíamos haber empatado, pero no sabés lo que disfruté cómo jugó San Lorenzo ese partido. Mis amigos hinchas de Boca me reconocieron: “nos aplastaron”.


Los partidos que jugamos contra River, tanto el del penal repetido como los de la Sudamericana, los merecimos ganar todos. Y el que les ganamos 2-0 el torneo anterior, en el Bidegain, también los aplastamos, con muchísima actitud. No encuentro ningún tipo de lógica que justifique que le hayamos jugado a River con tres volantes de marca y un equipo tan a la defensiva. De hecho, Romagnoli mismo lo dijo después del partido: “no sé si después de jugar un campeonato de una manera, está en nuestro ADN jugar de esta manera”. Yo creo que no. Bauza me parece un buen tipo, capaz, inteligente. Pero me gustaría que juegue al ataque.


¿Cómo te cayó la salida de Pizzi?


Me descorazonó. Yo creí que se quedaba, pensé que íbamos a jugar una Copa con todo, al ataque. Y me produjo un shock.


Hay un libro de ensayos del escritor norteamericano Delmore Schwartz que tiene un título muy bueno: “En los sueños empiezan las responsabilidades”. Lo recordé porque hace poco soñé que estaba un bosque (para mí los bosques son lugares hermosos) y me lo encontraba a Pizzi. Nos mirábamos cara a cara, y yo estaba enojado con él, pero en los sueños vos te enfrentás con la verdad de lo que sentís. Vos podés estar enojado con alguien querido, con un amigo, pero cuando lo soñás, el enojo queda en la superficie y lo que sentís en el sueño es la verdad. Yo le decía a Pizzi: “estoy enojado con vos, pero la verdad que te quiero mucho y siento que, aparte de ser una buena persona, sos un técnico ofensivo”: Y nos abrazábamos (risas). Era genial. Y en el momento en que lo abrazaba a Pizzi, se me movía todo: era Guadalupe, mi mujer, que no podía dormir porque yo estaba hablando en voz alta. ¡Me desperté y me di cuenta de que estaba hablando con Pizzi!


La otra vez le escribí a Matías Lammens, con quien tengo buena onda, aunque no coincida con cosas que hace Tinelli, y le conté lo que sentía sobre Pizzi y lo que me había pasado. No es casualidad que lo haya soñado la noche que perdimos con River, con un planteo estéril y defensivo.


Muchos amigos míos, cuando Pizzi se fue, me decían “Pizzi nunca más”. Yo no sé si en San Lorenzo queremos a Pizzi, no sé si queremos que vuelva. Independientemente de las cosas que haya evaluado de su familia, de su vida personal, tomó una decisión que hubiera sido mejor que no tomara hasta cierto punto. Hay una zona que uno no conoce sobre por qué se va una persona. Pero yo creo que hay que agradecerle a Pizzi por cómo jugó San Lorenzo. ¿Cuánto hace que no jugábamos de esa manera? Jugamos de igual a igual en cualquier cancha.


Y otra cosa importante, que algunos lo ven como debilidad y yo lo veo como virtud: a Bauza le preguntaron si volvería a jugar con tres defensores y contestó que sí, aunque a los demás no les guste. A Pizzi, cuando le dijeron “¿por qué no ponemos pibes jóvenes?”, puso pibes jóvenes; cuando le criticaron la marca en zona en los centros, el tipo cambió; es decir, aceptó que pudo equivocarse. ¿Viste que hay técnicos que dicen “yo soy esto, trabajo con esto y hago siempre esto”? Él no. Y eso es una virtud. Me parece que su San Lorenzo era un equipo desequilibrado, que atacaba mucho y que muchas veces sufría en defensa, pero me trajo momentos inolvidables. Me acuerdo de decirle a Viggo: “¿sabés lo que es sentarte a ver el partido y saber que tu equipo va a atacar?”.


¿Y cómo viviste el tramo final del campeonato?


En las últimas fechas, San Lorenzo parecía que era un celular que se estaba quedando sin crédito. En Rafaela se notó que el equipo ya había dado lo mejor y venía en declive (como en su momento le pasó a la Selección de Bielsa), pero Piatti hizo un partido enorme (Piatti es un jugador de Pizzi, Bauza lo hace defender y él no puede hacer eso). Para mí, habíamos perdido el campeonato. Estaba desnudo, en mi casa, porque hacía un calor fenomenal (me pasé ese fin de semana largo haciendo números y mi mujer me quería echar), y cuando Piatti hizo el segundo gol me tiré de patito contra la tele. No lo podía creer. Me dije: “somos campeones”. Fue lo mismo que dije la noche del gol del Pelado Méndez a Newells, en 2007.


Esos goles que le metés a Vélez o a Newells, no a Boca ni River, sino a esos equipos “chivos” que te pueden cagar un campeonato, son clave. Cuando vos les ganás o doblegás a esos equipos, ya sabés que vas a salir campeón. Es como la última traba que debe sortear el héroe en su viaje.


La última traba, justamente, era Vélez en Liniers…


Yo le decía a Mortensen que ese último partido iba a ser tremendo, que parecía guionado por Stephen King. Me acuerdo de haberle pedido a Lammens: “decile a los nenitos que la pasen”. Pienso que si Correa y Villalba la pasaban más, si no se obnubilaban, salíamos campeones antes. Pero, bueno, son los riesgos de meter pibes nuevos que no tienen ni 20 años.


¿Sabés lo que sufrí ese último partido? Está bien, empatamos, hubiese preferido ganar, pero el referí anula dos jugadas que eran gol. Pizzi muestra por primera vez una faceta defensiva con los últimos cambios, cuando se nos acabó el crédito del celular y había que esperar. San Lorenzo no podía jugar otro partido más, por más de que hubiera chances matemáticas de un desempate, no había más crédito, lo iba a perder. Y apareció Torrico, pero sin metafísica, el que atajó fue él, no me vengan con esa boludez del Papa.


Y ahí sí, desahogo, vuelta olímpica y volvemos a Boedo… ¿Es que todos los caminos conducen a Boedo?


Mirá, Boedo tiene algo que me parece muy llamativo: hay un montón de gente que no es de San Lorenzo y que, sin embargo, siente por el barrio un gran amor. No es solamente está esa cosa de “soy de Boedo y soy de San Lorenzo” o “me gusta Boedo porque soy de San Lorenzo. Hay una banda de rock que se llama “La Bestia Bebé” que a mí me gusta mucho, que son pibes de Boedo, pero hinchas de Racing, y tienen un tema que es increíble (y yo les digo siempre que deberían hacer el video con Romagnoli): Luchador de Boedo (http://www.youtube.com/watch?v=iLaPNbJfxwA). También tengo un amigo, Daniel Durand, que es poeta, y escribió un libro llamado “El Cielo de Boedo”. Y es de Boca... Hay algo que tiene Boedo que cobija a un montón de gente y que excede a San Lorenzo.


Yo nací en Boedo, me crié ahí. No sé si me pasa como a esos peces que no saben que existe el mar porque están acostumbrados a la pecera, pero para mí el barrio es hermosísimo. Cada vez que viene un amigo de afuera lo llevo a pasear por ahí y le explico que me gusta el barrio por esto y por aquello. Me encantan las callecitas internas, la zona de parrillas y casas bajas. Cada vez que vuelvo caminando de lo de mi viejo, elijo caminar por esas calles. Me desenchufa. Aparte hay cielo, casi no hay edificios, es un lugar muy tranquilo. Cuando en Alemania me dieron un premio y me preguntaron si era un patriota argentino, yo les dije que era un patriota del barrio de Boedo, que es el lugar que me gusta a mí.


Pero te digo algo más: no está bien hablar de “Volver a Boedo”. Nosotros estamos en Boedo, no se puede volver adonde estás. Igual, me parece que está buena toda la movida. El fútbol puede ser una herramienta de inclusión de verdad, a través de él se puede educar a la gente y darle un montón de cosas, contener a los chicos que no tienen un lugar donde estar, etc. Me gustaría volver a Boedo precisamente para darle al barrio algo genial, no un quilombo. No para que los vecinos estén soportando desastres, sino para que tengan un club que reactive su vida social.




¡Gracias, Fabián!


 

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