03 MAY
2014
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UN ÁNGEL CONDENADO


EtiquetasEtiquetas: Azulgranarte

Desde Azulgranarte queremos felicitar a Karina Scigliano, cuerva fundamentalista, que con estas sensibles líneas nos hizo emocionar tanto como Angelito con sus mágicos berrinches. Cada palabra que leas no es más que un cuervo corazón latiendo sin poder callar su debilidad. En este nuevo capítulo de Azulgranarte, les dejamos este hermoso texto de Karina para que puedan disfrutar de los caños insolentes que tiran sus palabras.

UN ÁNGEL CONDENADO

No me enamoro de los jugadores, vaya uno a saber si en un intento de protegerme de futuras desilusiones o porque los veo como lo que son: simples trabajadores que hoy defienden mis colores y mañana, cualquier otro, incluso los contrarios. Como sea, no siento por esos once a los que les toca jugar de entrada más que deseo de que ganen.

Sin embargo, hubo una vez que sí me enamore. ¡Qué digo "enamoré"! Fui devota, talibana, fundamentalista, ortodoxa, ciega, sentí amor incondicional, me ajusté la venda ante cada uno de sus tropiezos extrafutbolísticos, deseé con todo mi ser que ganara todo, lloré de tristeza cuando se retiró, lloré de alegría cuando dirigió a la Selección y...volví a llorar de tristeza cuando nos comimos la mentira de Alemania.No hubo otro. Ni antes ni después.

No hubo otro hasta que apareció el pibito rosarino, el de la sonrisa más linda, el de las gambetas mágicas, el de la infancia difícil, el de la adolescencia alejado de su familia, el desangelado (paradójicamente desangelado), el responsable de nuestros gritos de guerra (directa o indirectamente, pero responsable al fin).No hubo otro hasta que apareció Angelito. Ángel Correa, primero el 32, hoy el 11.Y volví a sentir ese amor que ya no tenía destinatario, y volví a desearle felicidad a alguien a quien no conocía (y a quien no conoceré jamás), y volví a querer que conquistase todo, y volví a enamorarme de un jugador. No exagero cuando digo que quiero que sea él el que levante la Copa, él más que ningún otro, él antes que cualquier ídolo. No exagero cuando digo que lo voy a extrañar, pero también acepto que, indefectiblemente, habrá de marcharse porque es un elegido y, los elegidos, están condenados a las despedidas, a los adioses, a las separaciones, al desarraigo. Es el precio que deben pagar por haber sido tocados por una vara invisible, inexplicable, intangible. Pero también condenados a la gloria, condenados al éxito, condenados a conquistarlo todo. 

Condenados, muchas veces, a las caídas más estrepitosas. Ojalá no sea el caso. Ojalá nunca pierda la alegría al jugar, ojalá siempre se divierta dentro de una cancha, ojalá contagie a sus compañeros con esa sonrisa, su salvación. ¿Si Angelito es mi debilidad? Sí, claro que lo es. Por eso no podría putearlo cuando pierde una pelota, cuando por querer hacer una de más, termina haciendo una de menos. Porque el amor es así: ciego, sordo, mudo, obstinado, terco, negador, justificador. Si no, no es amor. No me jodan. El amor con peros, no es amor. El amor con peros, es para los tibios.Podrá ser cualquier otra cosa, pero no es amor. Y yo, a Angelito, lo quiero sin peros. Sin siquiera la "P" de peros.

Dejo para los que saben el análisis de sus cualidades técnicas, de sus habilidades deportivas, yo no entiendo de eso. Lo mío es más simple, muy simple, casi primitivo. Lo veo jugar y me genera alegría, lo veo encarar a los defensores y sé que algo diferente va a terminar haciendo, aun cuando la pelota no termine dentro del arco, sé que siempre tiene una jugada distinta para deleitarnos, para asombrarnos, para que nos miremos y nos digamos: "¿Vos viste lo que hizo?". Sí, sí, lo vi, lo veo, por eso déjenlo que haga lo que quiera, déjenlo que se equivoque, déjenlo que haga una de más, es un mago y, como tal, siempre tiene algo para sacar de la galera. Y, a pesar de no enamorarme de los jugadores, esta vez, con él, no pude evitarlo, no pude resistirme...yo también estaba condenada.

Condenada a este amor que, aunque tenga que decirle adiós, seguirá latente con la esperanza de que algún día vuelva a calzarse la azulgrana y vuelva a maravillarnos con su magia, con su sello distintivo; pero si la vida, el destino o quien fuere, decide que eso no suceda, siempre voy a agradecer el haber visto al Ángel de Boedo defender mis colores y cuando el tiempo pase diré, orgullosa, he visto a Angelito.Sólo pido que antes de partir, nos regales ese, nuestro sueño más postergado.

PD: Perdonen si lo que escribí está cargado de cursilerías, no esperen de mí algo diferente.

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