22 MAY
2016
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USAMOS NUESTRO MILAGRO DE HOY


Por TactiCuervo
Porque todos somos técnicos

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En una definición para agregar a la infinita lista de milagros típicamente azulgranas, San Lorenzo consiguió un 1 a 1 contra Banfield que por la derrota de Godoy Cruz en San Juan contra San Martín nos mete en la final con Lanús. ¿Merecido? Merecidisimo. Con 7 victorias y un empate en las últimas 8 fechas, debíamos tener la posibilidad de pelear por el título. Con más fe que nunca, Ciclón!!!

USAMOS NUESTRO MILAGRO DE HOY

En la previa del partido le pusimos las fichas a una premisa básica (y obvia); había que sumar más puntos que Godoy Cruz. Nada del “ganar o ganar” que fue el norte de cada columna con el que acompañamos estos últimos 8 partidos de San Lorenzo desde la resurrección post derrota en Quilmes. Es que en este tortuoso camino de final tras final que nos impusimos por haber rifado tantos puntos en el comienzo del torneo, ésta era la primera vez donde no todo iba a depender necesariamente de sumar los tres puntos contra Banfield. Y no fue un detalle menor en cómo se desenvolvió el partido, con un ojo en el Hilario Sánchez, esperando el guiño de San Juan.


San Lorenzo entró a la cancha dormido, y la primera señal  de que en el Bidegain se estaba jugando algo importante llegó con el grito de gol de La Gloriosa a los 15 minutos, avisándole a los jugadores que había buenas noticias en el clásico de Cuyo. Si bien ese 1 a 0 en tierra sanjuanina nos daba la clasificación a la final con el transitorio 0 a 0 del Bidegain, lejos de significar una inyección anímica que reencausara el fútbol perdido, el  limitado equipo de Banfield aprovechó los espacios que regaló un Ciclón incómodo, sin la referencia de Mercier como eje del equipo, algo que con el correr de los minutos se  hizo mucho más notorio con el mal partido de Franco Mussis.


Y como esto es San Lorenzo de Almagro, el Club cuyos hinchas más vacaciones en Europa les financiaron a los cardiólogos de la República Argentina, a los 25 minutos llegó el gol de Banfield.  Un pase llovido entre los centrales derivó en un pésimo cruce del colombiano Franco para que le quede mansita a Silva que, aprovechando el mal cierre del pibe Montoya, definió ante un Torrico que nada pudo hacer. Todo era desconcierto. Mussis mal parado e impreciso, Ortigoza y Belluschi desconocidos, Blanquito desaparecido y los nervios que se retroalimentaban entre las tribunas y el equipo. Yendo con más ímpetu que argumentos tácticos,  tuvimos un par de situaciones claras que se diluyeron en malas definiciones. Blanquito, sólo contra Hilario, la tiró a la tribuna.


Pero así como de sufrir se trata, nuestra hermosa historia también tiene varias páginas reservadas para ahogarnos en abrazos de alegría y emoción. Y así fue como a los 43 minutos tras centro de Buffarini y gran pivoteada de Blandi apareció Blanquito por derecha en el área, para acomodar bien el cuerpo ante el cierre del lateral del Taladro y definir magistralmente por arriba del achique de Hilario. Revancha para el volante y desahogo absoluto para los cuervos que coparon el Bidegain.


A los 3 minutos del segundo tiempo la lesión de Ortigoza sepultó la posibilidad de reencontrarnos con algo parecido a la mejor cara que puede dar el equipo de Guede. Una cosa es reforzar un par de conceptos en el entretiempo para aceitar el funcionamiento de una máquina que se conoce de memoria. Otra cosa es pretender que realice la misma tarea cuando ya le faltan la mitad de sus piezas y, entre ellas, el cerebro. Sin Caruzzo como referente en el fondo. Sin Mas abriendo la cancha por izquierda. Sin Mercier marcando la posición del mediocampo. Sin Ortigoza en su rol de primer responsable para elaborar juego. El Ciclón jugaba contra Banfield pero primero se enfrentaba a muchas pálidas juntas.


Con poco se intentó, pero no se pudo. Se sabía que en San Juan el resultado era óptimo, y si bien eso no hizo menguar la insistencia por buscar la tranquilidad del 2 a 1, el empate ya no era lo peor que nos podía pasar. Con esa ambigüedad se diluyó el partido, no sin antes reservarnos un hermoso susto a los 43 minutos del segundo tiempo para recordarnos, por si hiciera falta, que Francisco es Cuervo.


¿Se jugó mal? Sí, se jugó mal. ¿Importa? Para nada. San Lorenzo está merecidamente en la final del fútbol argentino. Después de un mal arranque, plagado de desconexiones entre la idea de Guede y lo que efectivamente se plasmaba en cancha, se llegó a una “negociación” entre las partes que sólo trajo ganancia. Ganó el DT, ganaron los jugadores, ganó San Lorenzo y ganamos los hinchas. El entrenador azulgrana demostró inteligencia para saber leer e interpretar las necesidades de un plantel que aún cree en muchos conceptos del ciclo Bauza y entre todos fueron acomodando las piezas y los esquemas para enderezar la nave. Este gran presente debía tener al Ciclón en un mano a mano con Lanús para coronar a un nuevo campeón del fútbol argentino.


Ahora sólo se trata de seguir creyendo. Creer en que Mercier se va a recuperar y que sino Mussis sabrá estar a la altura de las circunstancias. Que Caruzzo y Mas volverán enchufados para aportar orden al fondo. Que Belluschi y Blanquito darán lo mejor para llenar de fútbol al equipo. Y creer, por sobre todas las cosas, en que Guede sabrá encontrar el reemplazo ideal de Ortigoza, que por lesión se pierde el partido.

En frente habrá un buen equipo. Pero ellos son Lanús. Y nosotros somos San Lorenzo. Que se note.

Sobra la fe. 

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